Colonia del Sacramento es la ciudad más antigua de Uruguay y con sus construcciones atrae a todo tipo de viajero. En nuestro caso, debimos cruzar el río más ancho del mundo para recorrer sus calles empedradas. 

Nos fuimos de casa a las 4 de la mañana del 22 de julio del 2018. Era pleno invierno y fue por eso que el abrigo nos acompañó desde que salimos de la cama hasta que nos volvimos a meter. 

Encendimos el auto e iniciamos el viaje sin valijas. Iba a ser una agitada experiencia de 20 horas y solo necesitábamos lo que teníamos puesto. 

Desde el sur del Gran Buenos Aires surcamos las autopistas hasta llegar al puerto. Estacionamos bajo techo (estaba nublado y teníamos miedo que se largue una tormenta) y caminamos hasta el hall principal de Colonia Express. ¡Había que atravesar el Río de la Plata!

A cruzar el charco

El viejo dicho es utilizado para quienes toman la decisión de navegar entre Argentina y Uruguay, pero a simple vista se puede observar que no es un charco pequeño. Vuelvo a señalar que es el río más ancho del mundo con 210 kilómetros de distancia en sus puntos más alejados. 

En este viaje que estoy narrando éramos cinco, pero yo (Ignacio Risso) ya lo había experimentado en solitario, siete años antes. De aquella primera experiencia poco me acuerdo y no hay registros fotográficos, por eso decidí contarte la más reciente. 

Tras realizar los breves trámites en la aduana, nos sentamos a esperar y minutos más tarde fuimos invitados a ingresar en la embarcación. No había muchos pasajeros porque al ser un recorrido de aproximadamente 90 minutos, no se requiere un barco tan grande y, a menor tamaño, menos gente. 

Si bien hay que permanecer en los asientos durante los primeros instantes del viaje, luego uno puede moverse como quiere por los sitios habilitados. Recuerdo que muchos se amontonaron en el freeshop para adquirir todo tipo de productos, pero yo elegí salir a popa para disfrutar las vistas. 

Hasta luego Buenos Aires

Cuando salimos de Buenos Aires ya había amanecido y, a pesar de que el cielo seguía nublado, logré observar toda la ciudad desde el Río de la Plata. Una postal única que intenté capturar con fotos. 

El barco avanzó con velocidad y los enormes edificios del centro porteño empezaron a perderse en el horizonte. A pesar del esfuerzo, llegó un momento en que mis ojos solo veían agua y más agua. 

La segunda parte del viaje la realicé sentado en mi butaca. Me hubiese quedado al aire libre, pero exponerse demasiado a la combinación del frío con el viento en pleno invierno, es la mejor receta para enfermarse. 

Bienvenidos a Colonia del Sacramento

Al poco tiempo de haberme acomodado, noté por la ventanilla que nos acercabamos a una ciudad, sin saber que era nuestro destino.

El ingreso fue muy sencillo y cuando tocamos suelo uruguayo ya nos estaba esperando una guía para iniciar el recorrido. No es necesario contar con un profesional para pasear por la zona pero es recomendable si querés saber más sobre la historia local. 

El centro no es muy grande, por eso las condiciones se dan para disfrutarlo despacio y no perderse ningún detalle. 

Las construcciones son muy particulares porque corresponden a dos épocas distintas. Las más antiguas fueron levantadas por manos portuguesas y, por otro lado,  todavía permanecen las que lucen su estilo español. 

Hay diferentes opciones para completar el paseo, pero si nos piden una recomendación opinamos que lo mejor es hacerlo a pie. El único gasto es el de la energía corporal y sos libre de diseñar la caminata como quieras. 

Una ciudad para todos los gustos

Es imposible aburrirse en Colonia del Sacramento. ¿Por qué? Es un sitio muy pintoresco pero con paisajes totalmente diferentes. 

Si sos fanático de los hechos históricos, te vas a cansar de recibir buena información. En el caso que prefieras los paisajes, hay todo un camino de costanera con vistas al río más ancho del mundo y la naturaleza que lo rodea. Por último, en el caso que busques modernidad, la ciudad tiene espacios que cumplen este requisito en los alrededores. 

A nosotros nos gusta la historia. Ninguno es profesional pero sí nos motiva la idea de estar parados sobre una baldosa que perteneció a una lujosa mansión del siglo XVIII. 

La guía que nos acompañó realizó un trabajo excelente. Explicó con detalle cada hecho importante de la historia local y hasta supo darnos la ubicación del “Mesón de la Plaza”, restaurante donde teníamos una mesa reservada. 

El almuerzo, que ya estaba incluido con la promoción del viaje, fue muy rico. Probé unas pastas (mi comida preferida), seguidas de un postre dulce y un café caliente para finalizar. 

A seguir caminando

Si sos un lector habitué, sabrás que me gusta mucho caminar y más por una ciudad tan rica en cultura como Colonia del Sacramento. Fue por eso que no tuve inconvenientes en seguir paseando sobre sus calles empedradas. 

Aún queda mucho por contar pero esta nota llegó a su fin. ¡Para conocer cómo terminamos el día deberás acceder a la siguiente!


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