Nuestro viaje estaba a punto de terminar y la puna salteña nos seguía sorprendiendo. Santa Rosa de los Pastos Grandes fue el último destino visitado en esta región por el equipo del Rally Solidario Argentino, en el marco de una experiencia fabulosa. 

Luego de nuestra precipitada llegada, haber recibido alojamiento y una rica cena fue algo muy especial. El cansancio era notable, por lo tanto, decidimos acostarnos a descansar en una de las 11 camas disponibles. 

Al día siguiente amanecimos con el cuerpo renovado. Hacía mucho frío y, para nuestra sorpresa, los mismos vecinos del pueblo que nos habían preparado la cena, se acercaron al hospedaje con el desayuno en la mano. 

Mates y un rico pan de campo fue lo disfrutado por los cuatro pilotos: Pablo, Pablo, Iván y yo, Nacho. 

Durante el comienzo de esa jornada empezamos a dialogar sobre cómo seguirían nuestras aventuras. Queríamos ir a conocer las maravillas del lugar, pero al mismo tiempo debíamos continuar nuestro viaje de regreso a Salta. 

A eso le sumamos que el Renault 4 aún estaba muy escaso de combustible y todo apuntaba a que sería bastante complicado conseguir algunos litros. 

¡Nos vamos a pasear!

En medio de la planificación tocaron la puerta. Abrimos y eran nuestros amigos de Pastos Grandes que habían llegado con una camioneta. Nos querían invitar a dar un recorrido turístico por todo el valle y nosotros ni lo dudamos. 

A los pocos minutos inició el gran paseo. Al volante estaba René: un vecino oriundo del lugar, que se conocía hasta el último rincón y se encargó de que viviéramos una experiencia fabulosa a lo largo de todo el día. 

La primera zona a descubrir fue un bello espejo de agua, ubicado a unos 15 minutos del centro, famoso por ser el hábitat natural de flamencos.  

Santa-Rosa-Pastos-Grandes-Salta

En silencio descendimos del vehículo, caminamos por la zona y aprovechamos a tomar muchas fotos. Tranquilidad en su máxima expresión serían las palabras justas para definir lo que sentimos en ese momento. 

Salar de Santa Rosa de los Pastos Grandes

Concluido el primer tramo, volvimos a la camioneta para rodar hasta un salar gigantesco que, según mi humilde opinión, fue el más blanco que nos topamos en nuestro viaje de 16 días por el norte argentino. 

¿Sentís que lo mencionamos hace poco? No te equivocas. En la nota anterior ya hablamos del lugar, porque fue precisamente en donde nos perdimos de noche, en pleno viaje para intentar encontrar el centro de Pastos Grandes. 

Salar-Santa-Rosa-Pastos-Grandes-Salta

En ese momento, acompañados por un brillante sol que se destacaba en medio de un cielo totalmente despejado, llegamos en otras condiciones porque René es un profesional del lugar.

Mientras nos contaba la historia de aquel suelo pálido, nos ofreció parar a tomar algunas fotos en varias ocasiones y siempre aceptamos. Con tanta inmensidad de por medio, era un plan excelente.

Luego de cruzar el salar de punta a punta, llegamos hasta un sector en donde aparece una gran pared natural de piedras. Escalarlas era todo un desafío dado que la única rampa presenta una inclinación importante, pero con Iván nos animamos y lo conseguimos. 

Salar-Santa-Rosa-Pastos-Grandes-Salta

Observar el paisaje a nivel del manto blanco es algo especial, pero como suele ocurrir en muchos sitios, subirse a esta pequeña montaña permite tomar conciencia de la cantidad de kilómetros cuadrados que ocupa su superficie. 

Allí nos quedamos un buen rato contemplando y reflexionando sobre la magnitud de la naturaleza. Luego, antes de volver, René nos mostró la existencia de unas piletas hechas por el hombre para retirar la sal, que se comercializa con mucha frecuencia en el país. 

Un almuerzo de lujo

Tras una mañana con tanto movimiento, claro que a las 12 del mediodía la panza ya empezó a reclamar alimentos. En un principio pensamos volver al hotel y cocinar algo con la comida que habíamos llevado, pero una vez más la gente del pueblo nos quiso invitar. 

Finalizado el paseo, nos dirigimos hasta una vivienda muy bonita, que tenía una parrilla humeante en la puerta. Lo que se asaba era para nosotros y adentro había una mesa preparada para recibirnos. 

El asado fue espectacular. Disfrutamos productos autóctonos, así como también ensaladas muy variadas, preparadas con vegetales frescos y de un sabor único. Obvio que no faltó la sopa tradicional. 

Más allá de lo degustado, nuestras amigas de turismo de Santa Rosa de los Pastos Grandes que nos acompañaron durante todo el día, compartieron el momento con nosotros y eso permitió un gran intercambio de anécdotas. 

Con la panza llena, agradecimos por tan rica comida y nos llevaron hasta el hospedaje. “Duerman una siesta que a las 17 los pasamos a buscar para ir a conocer otro lugar”, fueron las palabras pronunciadas por ellas antes de despedirnos. 

Rumbo al volcán

Tal cual lo pautado, cuando el reloj marcó las 17 horas sentimos una bocina y ahí estaba, una vez más, la camioneta de René y las dos representantes de turismo municipal. 

Nos subimos e inmediatamente comenzamos a viajar por el centro del valle rumbo a un volcán fabuloso, ubicado muy cerca del centro. Para tu tranquilidad, se encuentra extinto desde hace millones de años. ¡No hay nada de qué preocuparse!

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El viaje fue corto pero muy entretenido. Atravesamos varias corrientes de agua (todo un hallazgo en la puna salteña) y con la camioneta llegamos hasta el cráter, que es de muy fácil acceso. 

Más allá de que hay una boca principal, el volcán se manifiesta en varios huecos en la tierra de todos los tamaños y colores. Además, desde este punto del mapa se pueden obtener vistas increíbles al centro del pueblo.

Por último, al tratarse de un valle, todo el tiempo se está rodeado de montañas increíbles que presentan suelos con tonalidades muy variadas. No hay dudas de que tu aventura en este lugar será tan hermosa como la nuestra. 

Atardecer reflexivo

En Pastos Grandes nadie está apurado y mucho menos si se trata de un domingo por la tarde. Parece un detalle pero eso nos brindó la comodidad necesaria para disfrutar del lugar y olvidarnos del paso del tiempo. 

Alrededor del volcán nos quedamos casi dos horas. Al principio todos contemplamos el sector protagonista, pero luego cada uno aprovechó el momento para hacer lo que quisiera. 

Los Pablos del equipo se sentaron en el borde del cráter a tomar unos mates, mientras disfrutaban el paisaje. Iván, piloto y fundador del Rally Solidario Argentino, aprovechó a tomar las increíbles fotos que ahora estás viendo en pantalla. 

Volcán-Santa-Rosa-Pastos-Grandes-Salta

¿Y yo? Por suerte el problema de apunamiento ya no era algo tan presente. El cuerpo se me había aclimatado, tenía más energía y la utilicé al máximo para salir a explorar algunas de las montañas cercanas. 

Desde las alturas obtuve vistas increíbles y presencié un atardecer con el cielo completamente despejado. En silencio recorrí durante varios minutos las montañas, reflexionando y con una sonrisa de oreja a oreja tras recordar todo lo vivido. 

Así, en un sitio maravilloso, fue que disfrutamos el último atardecer en la puna salteña. El plan original era quedarse una sola noche en Santa Rosa de los Pastos Grandes, pero con tanto por conocer, sumamos una segunda a nuestra hoja de viaje tan cambiante. 

Caminata nocturna

El paisaje de este destino era muy diferente al que descubrimos en el resto de la puna debido a la gran cantidad de verde, pero en cuanto al clima de abril no encontramos ninguna variante: días levemente calurosos y noches bien frías. 

Al retirarse el sol, la temperatura se cayó al piso y fue cuando decidimos regresar al pueblo. René nos dejó en el Hospedaje Quewar y aprovechamos el cierre de la jornada para darnos una buena ducha. En mi opinión, el baño más confortable de todo el viaje.

Cerca de las 21 ya el frío era muy evidente, pero no todos los días uno se encuentra en Santa Rosa de los Pastos Grandes. Nos abrigamos bien y salimos a disfrutar de una experiencia mágica: una breve caminata nocturna bajo un cielo extremadamente estrellado. 

Sinceramente solo avanzamos 400 metros, pero siempre con la mirada puesta en las montañas y las calles tranquilas del pueblo. En cuanto al cielo, nos sentíamos en el planetario. Millones de estrellas nos acompañaban en nuestro último paseo. 

A dormir felices

Tras regresar al alojamiento, agarramos todo lo necesario para preparar la cena. Sin embargo, cuando menos lo esperábamos, la puerta volvió a sonar y ahí estaban nuestras amigas, con una olla de comida. 

Una vez más, agradecimos con todas nuestras energías y disfrutamos de unas exquisitas milanesas caseras. Sinceramente, la mejor forma de terminar el día. 

Completamente satisfechos, había un solo sitio para visitar: la cama. Bajo un montón de frazadas nos acostamos a una temperatura excelente, dispuestos a descansar en profundidad, de cara al viaje que debíamos realizar al día siguiente. 

¡Millones de gracias!

Por supuesto que en esta aventura de 16 días nos topamos con mucha gente, a quienes ya consideramos amigos/as, y que nos ayudaron en todos los contextos posibles. 

Sin embargo, no quería terminar el relato sin volver a expresar el agradecimiento que tenemos hacia los vecinos de Santa Rosa de los Pastos Grandes. Se encargaron de todo sin que les pidiéramos nada. 

A casi 4 meses de haber comenzado la tercera misión solidaria, todavía me genera felicidad recordar nuestro paso por este lugar, al cual recomiendo con todas mis fuerzas visitar en cualquier época del año. 

Lamentablemente Pastos Grandes no es un destino que tenga el turismo que se merece, pero ojalá que luego de esta nota podamos lograr que esa realidad cambie. Al menos un poquito. 

Como podrás haber leído, este sector de la puna salteña está rodeado de bellezas naturales, queda cerca de otros sitios más visitados y su gente cuenta con una hospitalidad absolutamente increíble. 

¡Ayudanos a ayudar! Si sabés de alguien que visite la puna, recomendale Santa Rosa de los Pastos Grandes. ¡La experiencia gratificante está asegurada!

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