Tras una noche agitada y un sueño medio cortado por la falta de costumbre a dormir en una carpa, el segundo día lo inicié un poco cansado, pero ansioso por llegar al siguiente camping, ubicado en Cerro Colorado, Córdoba. 

Cuando abrí los ojos aún no lo sabía, pero sería otra jornada repleta de aventuras inimaginables y el viaje se extendería, nuevamente, hasta altas horas de la madrugada. 

Los primeros pasos de aquel viernes 2 de abril de 2021 fueron dados en las inmediaciones del predio de Ramallo, precisamente para admirar con la luz del sol la hermosa costa frente al Río Paraná. 

Al presentarse el mediodía, me reuní con el grupo de viajeros que me acompañaba y planificamos cuales serían los objetivos a cumplir durante las próximas horas. Algunas cosas salieron cómo lo acordado, pero otras…

Una vez que estuvo todo listo, desarmamos las carpas, guardamos todo en los vehículos y regresamos al ruedo. 

La noche anterior habíamos reservado un lugar en el camping, pero fue gracioso descubrir que nos equivocamos de sitio. Nunca llegamos al acordado, sino que paramos en otro cercano. ¡Igual la pasamos excelente!

Encuentro rutero

A todo esto, los demás integrantes del grupo que viajaban con la Mercedes Benz Vito, el Peugeot 404 y la Volkswagen Transporter, amanecieron a gusto en el Hotel Siria de la misma ciudad. 

Coordinamos mediante algunos mensajes y nos encontramos, por primera vez desde que salimos de Buenos Aires, en la intersección de la Avenida San Martín y el Camino de la Costa. 

Ramallo - Buenos Aires - Rally - Solidario - Argentino

Fue emocionante ver otra vez a todos los vehículos juntos, cubiertos ya en ese entonces por una delgada capa de tierra, la cual fue ganando espesor a medida que pasaron los días. 

Estacionamos, descendimos de la Kangoo y del Renault 4, para finalmente saludarnos con alegría y empezar a intercambiar las primeras experiencias vividas en la tercera misión del Rally Solidario Argentino. 

El instante sirvió para arreglar cómo seguiría el día de la caravana. Había mucho por hacer y un mínimo de orden era necesario para coordinar entre todos los pilotos. 

Juntos fuimos hasta la primera estación de servicio a llenar los tanques de combustibles y luego, cada uno por su cuenta, dimos inicio a la segunda etapa del viaje. 

Rosario siempre estuvo cerca

Aunque Fito Páez no se equivoca con la canción, este se convirtió en nuestro viaje más largo a Rosario. Cerca de 20 horas demoramos en unir la corta distancia que la ciudad santafesina tiene con Buenos Aires. 

Pero su duración no es sinónimo de una mala experiencia, sino que sucedió todo lo contrario. En tan poco tiempo aprendí un montón sobre la vida en ruta y compartí experiencias inolvidables con todo el grupo. 

Junto a Pablo, el dueño de la Kangoo o, como él la bautizó, “La Foca Blanca”, fuimos los últimos en ingresar a Rosario. Desde Ramallo es un viaje corto, pero la máquina aún seguía con problemas de temperatura y no podíamos superar los 70 km/h. 

Mientras tanto, el Renault 4 nos adelantó y llegó primero a un encuentro organizado con los chicos de Renoletas Rosario, en una estación de servicio ubicada en la localidad de Roldán. 

Nosotros, a pesar de no tener un auto de esas características, nos desplazamos hacia el mismo destino porque el grupo nos tenía una sorpresa: habían conseguido un mecánico para solucionar el problema de la Kangoo. 

Los fierros siempre se arreglan

Luego de tomar un desvío equivocado y manejar por las afueras de la ciudad, finalmente ingresamos a la Autopista Rosario – Córdoba y llegamos a Roldán cerca de las 14 horas. 

Saludamos al grupo e inmediatamente ingresamos al shop de la estación de servicio para almorzar un rico sanguche de milanesa que Iván, nuestro amigo, el piloto de “La Bestia Roja”  y el creador del Rally Solidario Argentino, nos invitó con mucho gusto.

Con la panza llena, perdimos los motores una vez más y en plena caravana con cuatro Renault 4, nos adentramos en un camino rural para llegar a la casa del hombre que nos esperaba tan cordialmente. 

Renault - 4 - Rally - Solidario - Argentino

Fue un viaje corto pero muy lindo. Al llegar, el mecánico nos recibió y no se demoró en detectar que el problema de la Kangoo estaba en el radiador. La suciedad del mismo había generado un tapón que no permitía el paso de agua al motor y eso elevaba la temperatura. 

Radiador - Suciedad - Renault - Kangoo

Detectado el inconveniente, dejamos la camioneta en buenas manos y regresamos, en un viaje alucinante sobre los Renault 4, a la misma estación de servicio. 

Momento ideal para descansar

Una vez que estacionamos, compartimos algunas anécdotas más con el grupo de Rosario. Hubo tiempo para que firmaran uno de los paneles de “La Bestia Roja” y luego se despidieron “hasta la próxima”. 

Aprovecho estas líneas para agradecerles una vez más por toda su colaboración. Sin ellos, nunca podríamos haber encontrado al mecánico que completó los arreglos en “La Foca Blanca”. 

Tras esos lindos momentos, los cuatro quedamos agotados. Había que esperar tres horas hasta que la camioneta estuviera lista y, simplemente, nos relajamos para descansar un buen rato. Aún quedaba mucho por manejar, así que fue necesario. 

Pablo, el piloto del Renault 4, durmió una larga y cómoda siesta. El otro Pablo del grupo, junto a Iván, tomaron la guitarra para tocar algunas canciones y luego se sentaron en el pasto para disfrutar el atardecer. 

¿Qué pasó conmigo? Gran parte del tiempo estuve sentado en el comercio de la estación de servicio. Por un lado, aproveché el WiFI para compartir todas las imágenes del viaje y, por el otro, cargué la batería del celular que estaba a punto de agotarse. 

A seguir viaje

A las 19 abandonamos el lugar para volver al taller donde habíamos dejado la camioneta. Llegamos y, luego de un par de ajustes adicionales, a las 20.30 quedó todo perfecto para salir a la ruta. 

Desde Roldán, en Santa Fe, hasta Cerro Colorado, en Córdoba, hay 542 kilómetros. Ya era un poco tarde para intentar llegar antes de la medianoche, pero como aún no había restricciones de circulación, nada lo impidió. 

A cinco cuadras del taller volvimos a parar con el objetivo de cenar un rico sanguche de lomito. Terminado el instante gastronómico, nos lanzamos al camino. A un promedio de 90 km/h empezamos la aventura nocturna. 

La camioneta, por suerte, quedó perfecta. No hubo nuevas paradas al costado de la ruta por aumento de temperatura y el viaje fue sumamente placentero. 

Córdoba Capital

2 a.m fue lo que marcaba el reloj mientras nos detuvimos a cargar combustible en una estación de servicio emplazada en Córdoba Capital. 

Mientras tomaba un café, le escribí un mensaje al dueño de Camping Los Mistoles, de Cerro Colorado, para avisarle que estábamos en camino. Íbamos a llegar un poco más tarde de lo planeado, pero completaríamos el viaje. 

Sorpresivamente el hombre me contestó en el momento y nos dio una tranquilidad muy grande al saber que podíamos arribar a destino en cualquier horario. No había apuro. 

Finalizada la charla, con el tanque lleno iniciamos el último recorrido de la jornada. Luego de pasar por Avenida Circunvalación (que estaba en plena construcción de un tercer carril en cada mano), rodamos una vez más por la Ruta Nacional 9.

A pesar de la hora, no teníamos sueño y es por eso que disfrutamos el camino. Atravesamos muchas ciudades y a las cuatro de la madrugada nos topamos con un pueblo llamado Santa Elena. 

Es importante destacar que, si tu viaje es por la misma ruta, el único punto de acceso a Cerro Colorado es a través de Santa Elena. Desde allí son 10 kilómetros más para ingresar al pueblo. 

Un pueblo mágico

Esas últimas cien cuadras que acabo de mencionar, son increíbles. El estado de la ruta es impecable y cuenta con toda la señalización. 

Luego, la geografía del lugar exige que el camino tenga muchas curvas, subidas y bajadas. Algo realmente hermoso para disfrutar con la vista, pero también un tanto peligroso para quien está al volante. 

Recomendamos circular despacio, prestar mucha atención y, bajo ningún concepto, adelantar cualquier tipo de vehículo o rodado en una curva. 

Al final de ese lindo tramo, nos encontramos con el centro de Cerro Colorado. Eran las 4.30 de la madrugada, por lo tanto, no había nadie en la calle, el silencio era absoluto y todo eso combinó perfecto con el cielo estrellado que nos dió la bienvenida. 

No podíamos creer lo que veíamos. Enamorados del paisaje, avanzamos sigilosamente para no despertar a los vecinos, quienes duermen en casas sin rejas y que, en muchos casos, no tienen una línea divisoria con la vereda. ¿Inseguridad? Cero. 

Segunda noche de campamento

Aunque nos costó un poco, antes de las 5 a.m encontramos Camping Los Mistoles. El dueño ya dormía, pero tal cual lo acordado, dejó la puerta abierta para que nosotros ingresemos. 

Camping - Los - Mistoles - Cerro - Colorado - Córdoba - Argentina

Mucho no vimos del lugar en plena oscuridad, pero estaba rodeado de naturaleza. Bajo un árbol, cerca de un enchufe, armamos las tres carpas y antes del amanecer ya estábamos durmiendo con mucha tranquilidad. 

No hay nada igual como la paz de descansar en un ambiente así. Al día siguiente seguiríamos disfrutando el predio, pero eso ya lo contaré más adelante. 

¿Y el resto del grupo?

Aunque salimos de Ramallo casi al mismo tiempo, nuestras aventuras de la ruta tomaron diferentes caminos en aquella segunda jornada del Rally Solidario Argentino. 

Nosotros, en el Renault 4 y en la Kangoo, ya teníamos planeado llegar al camping mencionado. Con respecto a Edu, Valen y los cuatro integrantes de la familia Torres, el plan original era que durmieran todos en el Hotel Cerro Colorado.

Dos semanas antes del viaje, yo fui quien les reservé dos habitaciones en ese lugar. Hablé con una mujer que me atendió muy bien y quedamos en abonar las tarifas ese mismo viernes, cuando llegáramos al sitio. 

Nunca me pasó esto antes y por eso no puedo evitar contarlo. Resulta que el grupo que iría al hotel nos llevaba algunas horas de ventaja, por lo tanto, cerca de las 21 ya podrían haber arribado a Cerro Colorado. 

A las 19 se comunicaron con el hotel para avisar a qué hora pensaban llegar y se encontraron con una mala sorpresa. “No pudimos mantener la reserva de sus habitaciones y no tenemos más lugar para hospedarlos”, fue la respuesta telefónica que les dieron.. 

El grupo tuvo que buscar una alternativa en pleno viaje para evitar dormir en la ruta. Por suerte consiguieron alojamiento en Colonia Caroya: una linda ciudad al norte de Córdoba, pegada a la famosa urbanización de Jesús María y a 63 km de la capital provincial. 

Todo se convirtió en una anécdota. El Hotel Cerro Colorado es muy lindo y tiene buenas recomendaciones, pero si me preguntan a mi, no volvería a intentar reservar en ese lugar. 

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