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Los libros de historia cuentan que la Red ferroviaria Argentina llegó a tener 43.941 km en 1957 y eso la convirtió en la octava más extensa del mundo, con servicios disponibles a prácticamente todas las provincias y enlaces internacionales con nuestros cinco países limítrofes. 

Sin embargo, por cuestiones que no vale la pena desarrollar en esta nota, al día de hoy los trenes de pasajeros solo pueden recorrer 4.638 km y los de carga acceden a 16.000 km. 

Elegí plasmar esta comparación desde el comienzo para que entiendan la emoción que sentí cuando durante mi viaje por Córdoba descubrí un pequeño recorrido turístico llamado el Tren de las Sierras. 

Si bien el tramo no es el original, porque cuando fue inaugurado el 2 de julio de 1889 unía la capital provincial con Cruz del Eje (150 km) y ahora solo llega hasta Cosquín (58 km), los paisajes que atraviesa son únicos. 

En breves palabras cabe destacar que los inconvenientes aparecieron en 1977 cuando el servicio dejó de operar. A mediados de 1993 se reactivó como una actividad vinculada al turismo y llegaba hasta Capilla del Monte, pero volvió a ser clausurado en 2001.

Recién el 10 de agosto del 2007 se logró poner en marcha los trenes con la condición de completar el trayecto hasta Cosquín. Los siguientes 13 años no fueron sencillos y el recorrido se modificó muchas veces, pero gracias al cariño de los ferroviarios cordobeses todo sigue sobre rieles.

De camino a la Estación Alta Córdoba

Les recuerdo que durante mi viaje a Córdoba estuve acompañado de mi familia y desplazarnos por la ciudad era todo un costo. Si bien el transporte público es accesible, aquella mañana de julio los cinco teníamos ganas de caminar. 

Tras disfrutar un rico desayuno en el Hotel Gran Rex, iniciamos nuestro recorrido de 3 kilómetros rumbo a la Estación Alta Córdoba y quedamos sorprendidos con la majestuosa construcción que nos recibió.

El edificio, que funciona como la cabecera del Tren de las Sierras, data del siglo XIX y durante la espera logramos explorar sus alrededores. 

Por encima de los andenes cruza un camino peatonal que une las calles Luis de Cabrera con Jerónimo Cortés. Es el lugar ideal para observar la estación, repleta por viejos trenes y vías casi inutilizables que intenté capturar con una buena foto. 

Un paseo de 2 horas por solo 15 pesos argentinos

Después de abonar la módica suma de $15 por persona, subimos al tren e iniciamos un recorrido que atraviesa todo tipo de paisajes.

En los primeros minutos de viaje desde la Estación Alta Córdoba las vías surcaron barrios humildes y la formación debió ir muy despacio para evitar cualquier tipo de accidente. 

El tiempo pasa y la gran ciudad quedó atrás para dar lugar a las increíbles sierras que se aproximaban con velocidad. En un abrir y cerrar de ojos el suelo comenzó a ganar altura para perderse entre los preciosos valles. 

Después de circular por decenas de túneles, acompañados con la buena onda de los maquinistas, el tren se detuvo en cada estación mientras se pudo disfrutar con la vista cada espacio colapsado de naturaleza.

Nuestro viaje no fue entre ambas cabeceras porque decidimos descender en San Roque: un pequeño pueblo que creció a orillas del lago homónimo, conocido por su enorme dique. 

¡Bienvenidos al centro del país!

Al terminar el increíble paseo, empezamos a caminar por las calles de barrio hasta toparnos con la Ruta 73. Fue cuestión de minutos encontrar algún lugar para comer, dado que estábamos en pleno centro. 

Recuerdo que ingresamos a una tienda que vende recuerdos para preguntar donde nos recomendaban almorzar y el hombre con cara de sorpresa nos respondió: “Nosotros somos su mejor opción”.

El mismo local, decorado íntegramente como si se tratara de un barco, se llama Puerto San Roque y tiene algunas mesas para disfrutar buena comida con vistas al lago. Ya habrá una nota especial para contarles todos los sabores que encontramos en Córdoba. 

Desde la ventana detectamos una especie de escultura sobre el pasto y al consultar de qué se trataba aprendimos que es el famoso Monolito del centro del país. 

Resulta que por cuestiones de coordenadas el pueblo cordobés estaría en el medio de la Argentina y por eso hay diferentes monumentos que sorprenden a los visitantes.

El Monolito tiene una historia interesante porque se colocó en 1892, sólo seis años después de fundar la localidad. La idea original era convertirlo en un homenaje a Cristóbal Colón, pero nunca se completaron las obras y su significado se tornó diferente con el correr del tiempo. 

A pesar de ser el más antiguo, no es el único espacio de estas características. La moderna Plaza Federal, construida al costado de la ruta y en pleno centro, es un mirador rodeado por todas las banderas provinciales de Argentina a modo de representar un “símbolo de unión y fraternidad nacional”.