Mi espectacular paseo por Santiago de Chile había terminado, pero todavía no era momento de volver a casa. Mi viaje por el país continuó rumbo a la ciudad de Valparaíso. 

116 kilómetros separan a ambas ciudades, identificadas como grandes puntos turísticos de Chile. Muchas personas que se alojan en Santiago deciden hacer un recorrido de 24 horas por Valparaíso, es decir, no se quedan a dormir. 

En El Diario de Viaje opinamos que bajo ningún punto de vista es un destino para conocer en un solo día. Tan poco tiempo no alcanza para disfrutar la ciudad, el puerto, las playas y hacerse una escapada hasta Viña del Mar. 

Mi experiencia fue de tres días y dos noches. Tampoco lo considero tiempo suficiente porque, de tener la posibilidad, me hubiese quedado una semana como mínimo. 

Primeras horas de un lindo viaje

Al ser un recorrido tan popular, existen un sinfín de opciones para completarlo y a precios muy distintos. 

Recuerdo ver que en el Aeropuerto de Santiago de Chile había camionetas disponibles para hacer un traslado privado, en grupos reducidos de personas. Yo lo organicé de una manera totalmente diferente. 

El 10 de enero del 2019 dejé mi enorme habitación en el Casaltura The Boutique Hostel para llevar a cabo una travesía a contrarreloj. Los minutos pasaban, yo no tenía la certeza de que mi plan saldría a la perfección y además realicé muchas combinaciones, pero tranquilos… ¡Estuvo todo bien!

Tras ingresar en la Estación Cal y Canto del metro por última vez, llegué pronto con la línea 2 a la Estación Los Héroes. En ese mismo lugar cambié de andén para continuar por la línea 1 con destino a la Estación Pajaritos. 

Ésta última conecta con una gran terminal de ómnibus y fue ahí donde compré mi pasaje para viajar hasta Valparaíso. Tenía diferentes opciones pero me decidí por la empresa Turbus. Sí, la misma que utilicé el primer día en Santiago para viajar del aeropuerto al hotel. 

A rodar y a rodar

Al tratarse de un viaje mucho más largo, la unidad de Turbus era diferente a la que ya conocía. Pensé que iba a demorar mucho la salida pero no fue así. Me subí, acomode la pesada mochila, me senté y en cuestión de minutos nos pusimos en movimiento. 

Aquel jueves por la mañana el clima era perfecto. No hacía calor y el cielo estaba completamente despejado. Condiciones ideales para disfrutar los paisajes que nos cruzamos en la carretera. 

Todo el trayecto se lleva a cabo por la Ruta 68 y, si bien es corto, se puede apreciar mucho en el camino. 

Salimos de Santiago y de repente los grandes edificios habían quedado atrás. Una vez que estuvimos rodeados por zonas rurales, fue una maravilla observar como el terreno pierde y gana altura constantemente. ¡Chile es un país muy montañoso!

Ingresar a Valparaíso también fue lindo. Poco antes de llegar logré ver algunas de sus famosas y coloridas casas.

Sin ningún tipo de inconveniente el micro se detuvo en la terminal de ómnibus acordada, a las 10 de la mañana. 

A caminar…¿Otra vez?

¿Te acordás que a Santiago de Chile llegué una hora antes del check-in? Bueno, acá fue un poco diferente…puse los pies en la ciudad cuatro horas antes de poder acceder al hostel donde había reservado una cama. 

Después de tres días intensos en la capital del país, sumado a que estaba acompañado nuevamente por mi pesada mochila y teniendo en cuenta que en Valparaíso muchas calles son empinadas; caminar no era una buena idea pero fue lo único que se me ocurrió. 

Desde la terminal inicie un recorrido sin rumbo establecido. Con entusiasmo disfrutaba de cada detalle y poco a poco iba conociendo el destino. Al comienzo de esta aventura me topé con un cartel llamativo donde figuraba la siguiente oración: “Vía de evacuación tsunami”. ¡No pude evitar tomarle una foto!

Cuando me quise dar cuenta ya me había alejado del centro y estaba en una zona residencial. A pesar de no encontrar muchos espacios pensados para el turista, me topé con miradores hermosos. Intenté capturar el momento y la imagen principal de esta nota es el resultado. 

En síntesis, fue un paseo muy extenso. Circule por calles en subida, bajé por escaleras muy angostas diseñadas entre casas antiguas, disfruté la costanera con vistas al Océano Pacífico, utilicé un histórico medio de transporte conocido cómo “Ascensor Barón” y hasta casi me muerden dos perros. 

Rica comida y playa

Las piernas ya me empezaban a doler cuando encontré un lindo restaurante en la playa para comer. No es muy económico, pero disfruté el plato de carne, la Cerveza Escudo y las vistas espectaculares. 

Aún faltaban 2 horas para poder ingresar al hostel, así que simplemente me acosté a descansar en la Playa Portales. Intenté esconderme del sol porque era pleno mediodía y exponerme hubiese sido peligroso, aún con crema protectora. 

Pensé en volver caminando pero descarté la idea en un segundo. De casualidad la playa está frente a una estación de metro y el único recorrido me dejaba bastante cerca del hostel. 

Después de comprar una nueva tarjeta (La del metro de Santiago de Chile no sirve en Valparaíso) continué viaje. Fue la primera vez que me subí a un sistema de metro que tiene una parte del recorrido a nivel de calle, es decir, que no solo circula por debajo de la tierra. 

Como si esto fuera poco, las vías fueron colocadas en paralelo al mar. Uno puede estar sentado en el vagón y disfrutar con la vista el intenso color azul del agua. ¡Una experiencia fabulosa!

Mi primera vez en un hostel

Mi hotel de Santiago de Chile también era un hostel, pero yo opté por pedir una habitación privada ya que no estaba muy cara. Quise hacer lo mismo en Valparaíso pero los lugares disponibles superaban ampliamente mi presupuesto. No quedó otra alternativa que animarme al hostel. 

Casa Lastra es una opción espectacular si están por la ciudad. Las instalaciones son modernas, la atención que recibí fue espectacular y además tiene una enorme terraza desde donde se puede mirar toda la ciudad. 

Cuando el reloj marcó las dos de la tarde, ingresé al lugar. Una mujer me recibió, me dio todas las indicaciones y hasta me prestó un candado para que guarde mi mochila. 

La habitación era muy amplia. Dividida en tres camas estilo marineras, elegí la de arriba. Luego me arrepentí porque bajar por una pequeña escalera en plena noche, sin molestar a los demás, era todo un desafío. 

Que nunca falten las buenas anécdotas

Después de acomodarme y descansar algunas horas, salí a disfrutar mi primera tarde en Valparaíso. Sin embargo esta nota ya es muy larga y por eso las nuevas experiencias serán narradas en la próxima. 

Para finalizar, voy a contarte una anécdota bastante cómica. Antes de comenzar debo recordarte que no me llevo bien con el idioma inglés. Intenté aprenderlo pero todavía no hay caso. 

A los cinco minutos de ingresar en la habitación conocí a mi primer compañero. Era un viajero oriundo de Nueva Zelanda que a simple vista parecía muy buena onda.

Cuando notó mi presencia sonrió y me preguntó en inglés si me iba a quedar en la habitación. Mis nervios de no fallar con la respuesta me jugaron una mala pasada y, como vi que tenía una bolsa en la mano, pensé que me estaba ofreciendo comida. 

“No, thanks” fue mi respuesta errada. Él me miró con cara rara y no volvió a hablarme. A la mañana siguiente ya se había ido del hostel, por lo tanto, nunca iba a darse otro momento para continuar la conversación. 


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