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San Telmo es uno de los barrios con más cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en Argentina. Al caminar por sus calles empedradas notarás que cada esquina tiene una historia inconfundible e irrepetible. 

Aunque es el barrio más pequeño de todo el centro porteño, con tan solo una superficie de 1,2 km², también se lo identifica como uno de los más antiguos. 

Desde sus inicios, mucho antes de llamarse como ahora, hasta el 2020, el sitio ubicado en la Comuna 1 pasó por facetas muy diferentes, que dejaron sus huellas y son el motivo de las grandes leyendas locales. 

Obvio que en CABA hay otros lugares únicos, pero San Telmo guarda una mística que no tiene punto de comparación con la que se encuentra en los demás. Recorrerlo es hacer un viaje en el tiempo, mezclado con pequeños tintes de modernidad. 

Tal cual sucedió con el barrio de Constitución, en esta primera nota contaremos los hechos históricos que convirtieron al lugar en la belleza actual. A medida que pasen los días, ya escribiremos en detalle sobre algunos sitios emblemáticos escondidos entre sus veredas. 

Su comienzos, a la par de la jóven Buenos Aires

El primer indicio de población sobre los suelos donde hoy está San Telmo ocurrió en 1586. Tan solo seis años después de que Juan de Garay fundó la ciudad de Buenos Aires. 

¿Que había aquí hace más de cuatro siglos? Un espacio al aire libre denominado “Altos de las Carretas” utilizado como parada de descanso por comerciantes de la época. Hoy el sitio se llama Plaza Dorrego. Ya te contaremos más…

Las primeras viviendas se construyeron a comienzos del siglo XVII y fueron habitadas por trabajadores del puerto. Era un sitio barato, muy cerca de su área laboral. Todo concuerda.

Tras empezar a ser conocido como barrio “de la Residencia” pronto se construyó algo totalmente distinto a lo que había en ese momento: la Iglesia de Nuestra Señora de Belén.

Con una escasa población se mantuvo en evolución constante hasta el siglo XVIII, cuando entre los cambios más importantes, se modificó el nombre del barrio. Pasó a llamarse “Alto de San Pedro”. 

Durante los 100 años posteriores hubo muchos cambios a nivel nacional. Uno de los más impactantes para el joven barrio porteño fue que los españoles expulsen de la ciudad a los jesuitas, quienes habían construido el templo religioso mencionado anteriormente. 

Hacia 1785 la iglesia quedó en manos de betlemitas que no la utilizaron con motivos religiosos ya que modificaron todas las instalaciones para convertirla en una cárcel. 

Múltiples cambios sociales

San Telmo dio un giro importante en cuanto a los vecinos que allí residían, tras el comienzo del siglo XIX. Lejos de continuar como en sus orígenes (barrio de portuarios), se convirtió en una zona residencial para los patricios. 

Muchas familias adineradas se establecieron, construyeron inmensas mansiones con todos los lujos de la época y pasaron largos años. Entre los vecinos más recordados encontramos a Domingo French y Esteban Echeverría. 

Debido al buen pasar económico, el barrio creció mucho en cuestión infraestructura también, pero todo cambió abruptamente en 1871 cuando se desató la fiebre amarilla en Buenos Aires. 

Al parecer, la fiebre afectaba mucho más en el sur de la ciudad que en el norte. Eso llevó a que las familias con accesos a grandes recursos puedan mudarse y, como consecuencia, San Telmo quedó prácticamente vació. 

El panorama permitió que se produzca un nuevo cambio social porque las casas sin habitantes empezaron a ser alquiladas por los inmigrantes, que llegaban en busca de oportunidades laborales a Buenos Aires. 

Parece una locura pero fue así. Lo que comenzó como un barrio de trabajadores del puerto, se convirtió en una zona de la alta sociedad y luego retomó sus orígenes, al recibir con los brazos abiertos a los nuevos vecinos del lugar. 

Cada vez más cerca del San Telmo actual

Una vez más estamos frente a un cambio de siglo y en San Telmo pasaba de todo. 

Hacia 1894 su territorio se amplió considerablemente al recibir un espacio verde increíble, que hasta el día de hoy se mantiene impecable: el Parque Lezama. 

Solo tres años después, en pleno centro del barrio se instaló el Mercado de San Telmo. Uno de los más importantes de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, que aún continúa en funcionamiento. 

A la par de ambos lugares, entre los vecinos surgió la inquietud de crear sitios para el ocio y así nacieron muchos bares y tanguerías. Con el paso de los años la tradición perdería el furor de los primeros días, pero se convertiría pronto en una gran atracción turística. 

El Viejo Almacén, Bar Sur, El Federal y El Británico, son algunos de los sectores emblemáticos que siguen en pie, con importantes leyendas impregnadas en sus paredes. 

La decoración siempre es importante

La zona, además de tener cada vez más residentes, recibió muchas decoraciones. Algunas naturales, otras comerciales, pero siempre con el objetivo de embellecer las calles.

Con la misma filosofía de vida se continuó avanzando hasta bien entrado el siglo XX. Si nos ponemos a analizar, el año 1937 fue de suma importancia, dado que se inauguraron dos monumentos históricos. 

Por un lado, en la Plaza Dorrego, que adquirió el nombre en 1900, se instaló el Monumento “Canto al Trabajo”. Hoy no se encuentra más en este lugar, pero sobrevivió. Lo podes visitar en Avenida Paseo Colón al 800. 

Y por el otro, en uno de los extremos del Parque Lezama, el 23 de junio de 1937 se inauguró una bella estructura bautizada como Monumento Fuente a Pedro de Mendoza (primer fundador de Buenos Aires). 

Todo prometía quedar impecable y el viejo San Telmo ya era enorme, pero la antigüedad de algunas viviendas, sumado al cambio de rutina de muchos vecinos, condujeron al barrio a una etapa complicada. 

Demoliciones catastróficas

Aunque no lo puedas creer, hacia 1957 un arquitecto propuso demoler TODO San Telmo para construir viviendas modernas y con espacios abiertos. Aunque fue escuchado por las autoridades, el proyecto por suerte no prosperó. 

Que no se avanzó con lo recién mencionado no significa que el barrio se mantuvo intacto. Muchas demoliciones se llevaron a cabo para elevar construcciones más modernas. Hasta esa época se podía, dado que las antiguas casas no estaban protegidas. 

En 1970 hubo un pequeño respiro gracias a que el arquitecto José María Peña, fundador del Museo de la Ciudad, creó en la Plaza Dorrego la Feria de Cosas Viejas y Antigüedades San Pedro Telmo. ¿El objetivo? Darle la importancia merecida al barrio mediante objetos. 

La feria es un emblema del lugar y se mantuvo intacta durante los últimos 50 años. Sin embargo, no se pudo evitar que el sitio siguiera perdiendo viviendas a causa de las demoliciones. 

En 1978, durante el gobierno de facto más grave de la historia argentina, se decidió ampliar las calles Independencia, San Juan y Garay. 

El trabajo incluyó demoler construcciones de 200 años, entre las cuales se encontraba Casa del Naranjo: la más antigua de la ciudad en pie, que databa del siglo XVII. 

Después de la tormenta, siempre sale el sol

Un año después de la triste demolición, Peña volvió a la carga con la intención de cuidar a San Telmo e impulsó el proyecto Urbanización 24.

¿En qué consistió? Proteger 120 manzanas para mantener intactas todas las construcciones y establecer que las que llegaran en un futuro, deberían tener el mismo estilo de las antiguas. ¡Un GENIO!

Las últimas dos décadas del siglo XX fueron mejores para San Telmo ya que, además de recibir la protección de construcciones históricas, también empezó a destacarse como un punto muy turístico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

Ya iniciado el siglo XXI, el barrio progresó y muchos de los sitios emblemáticos fueron puestos en valor. Plazas, edificios, espacios comunes, bares. Casi todo recuperó la luz que brilló en sus primeros días. 

Nuestro San Telmo

Hoy podemos decir que es un espacio único de la ciudad. Está cerca de todo, pero es diferente a cada lugar que lo rodea. 

De día tiene su magia y de noche, cuando todas las luces anaranjadas se prenden sobre las calles empedradas, mientras suenan lindas canciones en los bares disponibles; se forma un ambiente fenomenal. 

Ahora, en 2020, San Telmo está hermoso. Es responsabilidad de nosotros mantenerlo de esa manera y educar a las próximas generaciones bajo los mismos conceptos, para que el barrio se mantenga así (o mejor) durante los próximos siglos. 

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