La ciudad de Buenos Aires es una de las más importantes del mundo y, si bien tiene mucha historia en cada esquina, nadie puede negar que la Plaza de Mayo es el sitio más emblemático. A su alrededor hay muchos edificios importantes, pero hoy te invito a conocer en detalle el famoso Cabildo. 

¿Cómo puedo llegar?

Antes de centrarnos en sus leyendas, es de suma importancia mencionar cuales son las mejores alternativas para llegar y, como está en pleno centro, hay muchas opciones. 

Desde casi todos los puntos de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires hay colectivos con recorridos que pasan por Plaza de Mayo y/o alrededores. 

Si lo tuyo es el transporte subterráneo, pegada al Cabildo está la estación Bolívar de la línea “E”, a 100 metros por Avenida de Mayo encontrarás la estación Perú de la línea “A” y sobre la Avenida Roque Sáenz Peña está disponible una estación llamada Catedral y que corresponde a la línea “D”.

Otra alternativa son los taxis. El emblemático edificio está a 500 metros de la Avenida 9 de Julio y a seis cuadras de la lujosa comuna conocida cómo Puerto Madero. ¡Un vehículo libre encontras seguro!

Por último, caminar o llegar en bicicleta también es una buena alternativa. Hermosas veredas y un diagramado sistema de “bicisenda” forman parte del paisaje, por eso, ambas opciones son las más económicas. Las recomendamos totalmente porque las distancias no son muy grandes. 

¿Hay que pagar?

La entrada al Cabildo de Buenos Aires es gratuita. Hay paseos guiados que son geniales y super económicos, pero vos podés recorrer las instalaciones por tu cuenta sin problemas. 

¿Tenés la duda sobre cuáles son los horarios disponibles para visitarlo? Está abierto todos los días, menos los lunes. Martes, miércoles y viernes de 10 a 17. Jueves de 10.30 a 20. Sábados, domingos y feriados de 10.30 a 18. 

Es un sitio que tiene mucho para ofrecer pero, cómo ventaja para quienes tienen los minutos contados, no es muy grande. Una hora de recorrido está más que bien para conocer sus habitaciones, caminar por el balcón y acceder al patio trasero donde podrás conocer el Museo Nacional del Cabildo y la Revolución de Mayo, entre otras cosas. 

Proyecto, construcción y demolición

¿Cuándo se formó la idea de construir un Cabildo en Buenos Aires? En 1580 y fue a Juan de Garay, fundador de la ciudad, que se le cruzó por la cabeza. Sin embargo, la belleza que podemos disfrutar ahora se inauguró mucho tiempo después. 

Las primeras funciones de un cabildo se empezaron a cumplir en varias casas de la zona. Ya para el año 1608 la institución gubernamental funcionaba en un edificio propio, pero era muy humilde porque estaba construido con techo de paja y paredes de adobe. 

Frente a la inquietud de la débil estructura, dividida sólo por un salón principal y una cárcel, el 30 de junio de 1608 empezaron nuevas obras sobre un lote que ya había seleccionado Juan de Garay. 

Parecía que la historia iba a cambiar durante el siglo XVII, pero no. La nueva construcción quedó chica ni bien se inauguró en 1610. Luego, por falta de mantenimiento, comenzó a derrumbarse y hubo que demolerla. Recién 25 años más tarde se propuso la construcción de otro edificio totalmente renovado. 

Se podría decir que la primera estructura sólida del Cabildo de Buenos Aires estuvo lista en 1682 y durante ese año se propuso añadir una segunda planta. A pesar de que con el paso de las décadas la situación no fue tan crítica como antes, para 1725 se tuvo que volver a montar desde 0. ¡Esta vez sería la definitiva!

¡A modernizarlo!

El lunes 23 de julio de 1725 iniciaron las obras sobre el renovado Cabildo de Buenos Aires. Aunque el proyecto no estaba estipulado para tanto tiempo, lo cierto es que el edificio recién pudo ser entregado en 1740. Fueron 15 años de nuevas complicaciones. 

 A casi dos siglos del primer proyecto, se podría decir que la estructura quedó bien. Sin embargo, aún se iba a someter a innumerables cambios en las décadas siguientes. 

Durante 1748 se le colocó un reloj que llegó en barco desde España. Mediante varios trabajos de mantenimiento, logró permanecer en su lugar hasta 1860 cuando fue reemplazado por uno similar pero construido en Inglaterra. ¿Dónde quedó el español? Nadie sabe. 

Las obras llegaron a su punto cúlmine en 1765, tras la inauguración de una torre medieval que se robaba las miradas de todos. 

Quedó perfecto pero… lo destruyeron otra vez

Más allá de la situación del país, que por aquellos años aún seguía gobernado por el Virreinato del Río de la Plata, el Cabildo de Buenos Aires había quedado hermoso a comienzos del siglo XIX. 

La estructura no sufrió nuevos cambios y fue el escenario principal de la Revolución de Mayo en 1810.

Ya en el marco de una Argentina independiente, la historia nos lleva al año 1879 cuando la torre fue elevada diez metros más en comparación a su altura original. El proyecto le dio glamour, pero no duraría mucho…

El Cabildo estaba en su época dorada y ésta terminó de golpe: Hacia 1889 surgió el proyecto de inaugurar la Avenida de Mayo y hubo que demoler tres arcos del lado norte. 

Para aquel momento, se corría el rumor de que la gran torre era peligrosa. ¿Que hicieron? También la desmantelaron. Hoy tiene una mucho más pequeña.

Ya iniciado el siglo XX se dieron cuenta que el histórico lugar había quedado raro. Con la demolición, su diseño perdió simetría y eso llevó a que en 1930 se destruyeron otros tres arcos pero del lado sur. Además, el hueco fue ideal para construir la actual Avenida Julio Roca. ¿Tan necesario era dejarlo parejo? 

El Cabildo de nuestros días

A excepción de algunos trabajos de mantenimiento, hace 90 años que el Cabildo de Buenos Aires no vuelve a perder un solo ladrillo. Ojalá que se mantenga así para siempre pero, con un pasado tan cambiante, es imposible hacer predicciones concretas. 

En la actualidad es un sitio muy querido por los argentinos. Todas las escuelas envían a los niños a investigar sobre él para las fechas patrias y, quienes tienen la fortuna, lo pueden conocer junto a sus compañeros mediante una excursión. 

Observar las enormes puertas verdes, caminar por los pasillos, mirar la Plaza de Mayo por el balcón, aprender historias sobre los elementos expuestos en su interior y pasearse por el patio trasero, donde hay hasta un aljibe de 1835 que pertenecía a la casa donde nació y murió Manuel Belgrano; es algo único. 

Yo no fui de esos niños que lo pudo conocer mediante una visita escolar, pero al día de hoy puedo decir que lo exploré en varias ocasiones. Es una experiencia que, de tener la posibilidad, nadie debería perderse. ¡Mucho ocurrió entre sus paredes y por eso, el solo hecho de estar allí parado, emociona!