En una vuelta por la fabulosa Plaza de Mayo de Buenos Aires es muy fácil detectar con la mirada cuales son los edificios históricos. Todos son muy importantes, pero hay uno muy diferente, enorme y que te va a llamar la atención aunque quieras evitarlo: la Casa Rosada. 

¡Visita gratuita!

Llegar hasta su puerta es muy sencillo porque se encuentra en pleno centro de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Colectivos, taxis, el subte y hasta un sistema de bicisendas facilita el acceso.

No seguiremos indagando sobre las cuestiones de traslado porque son las mismas que ya detallamos en la nota del Cabildo, pero sí es muy importante resaltar bajo qué condiciones se pueden recorrer las instalaciones. 

Más allá que no sea la residencia del presidente, es la sede del Poder Ejecutivo de la República Argentina. Esto explica las razones por la cual el margen de visita no es tan amplio y hay que reservar un turno en la página oficial para conocerla por dentro. 

Por otro lado, el ingreso a la Casa Rosada es totalmente gratuito. No hay posibilidades de caminar por sus pasillos en solitario, entonces, además de entrar sin pagar, se recibe un paseo guiado con profesionales. 

¿Cuando se puede visitar? Los sábados, domingos y feriados de 10 a 18 horas.

El lugar donde empezó todo

La Casa Rosada se encuentra frente a la Plaza de Mayo y, con solo decir su ubicación, no hace falta detallar sobre los hechos históricos que ahí transcurrieron. 

Tras la fundación de Buenos Aires en 1580, se inició un rápido proceso de edificación y, en el mismo lugar donde hoy se encuentra “La Rosada”, fue inaugurada en 1594 la “Real Fortaleza de Don Juan Baltazar de Austria”. 

Con paredes de 120 metros de altura, la construcción impactaba. Además, el paisaje era muy distinto porque la fortaleza se elevó a orillas del Río de La Plata y en nuestros días este enorme caudal de agua permanece bastante alejado de la zona. ¿Qué ocurrió? La naturaleza (con la mano del hombre de por medio) lo hizo retirarse hasta el sector actual. 

Cómo ya pudiste leer, a los argentinos nos encanta modernizar las obras y fue por eso que el antiguo fuerte comenzó a perder su diseño original en 1713. Siete años después, el cambio era evidente y todo el lugar, que modificó su nombre a “Castillo de San Miguel Arcángel”, estaba rodeado por una fosa de agua. 

Conforme avanzó el siglo XVIII, el sitio fue utilizado para diferentes tareas y, a partir de 1776, se convirtió en la sede principal del Virreinato del Río de la Plata. 

Ahora sí… Esta es nuestra Casa Rosada

España se retira de Argentina tras la independencia de 1816 y ni bien se acomodaron un poco las cosas en el país, comenzó una restauración sobre este inmenso terreno del centro porteño. 

La antigua fortaleza fue demolida casi en su totalidad para construir la Aduana Nueva hacia 1850 y luego montar un edificio lindero, que en aquella época se lo conoció cómo el primer Palacio de Correos.

Otro de los cambios importantes fue su color. Claro que las técnicas de pintura no eran similares a las de nuestros días y se utilizaban distintos materiales. Cuando el ex presidente Domingo Faustino Sarmiento especificó su interés por lograr un tono rosado, hubo que mezclar pintura a la cal con sangre bovina para conseguirlo. 

Las obras estuvieron casi listas para el cierre del siglo, pero aún quedaban muchos espacios libres que aparentemente no eran lindos a la vista. Surgió la idea de unificar los edificios y no hubo ninguna oposición. Todo quedó listo para 1890. 

A decorar pero sin romper nada

A comienzos del 1900 la Casa Rosada estaba perfecta por fuera. Sin embargo, aún quedaba mucho por hacer en sus interiores y eso impulsó una seguidilla de proyectos que se extendieron durante más de 100 años. 

En 1904 se inauguró uno de sus primeros espacios verdes: “Patio de la Palmera”. Cuatro ejemplares de la especie Butia yatay fueron colocados de manera estratégica y aún siguen en pie. 

Las obras continuaron en sus salones (sobre cuáles hablamos al cierre de esta nota) y el glamour era cada vez más evidente. Pero… En los años 30 Argentina no estaba pasando un buen momento y la sede del Poder Ejecutivo sufrió cambios inesperados.  

El ex presidente Agustín Justo se levantó una mañana y anunció que iba a demoler parte de la Casa Rosada para extender la Avenida de Mayo hacia el río. Aparentemente quería lograr una mejor perspectiva de la Plaza de Mayo. 

La destrucción comenzó en enero de 1938 y avanzó sobre el lado sur. Sin embargo, hubo un cambio de mandato en febrero de aquel año, asumió Roberto Marcelino Ortiz y detuvo el desastre en abril. Inmediatamente ordenó la reconstrucción. 

Monumento Histórico Nacional

Con el fin de hacer valer su historia y también protegerla de cualquier modificación caótica, la Casa Rosada fue declarada Monumento Histórico Nacional en 1942.

Fue un año importante dado que, mientras se completaban trabajos de mantenimiento, se encontraron restos de la vieja “Aduana Nueva” y eso impulsó la idea de construir un museo. Se inauguró 15 años más tarde y recomendamos que lo visites. Es una belleza. 

Durante la segunda mitad del siglo XX, sumada a las dos décadas que llevamos transitadas en el actual, la Casa Rosada fue escenario de nuevos sucesos históricos. Algunos muy buenos, otros aceptables y, muchos de ellos, incomprensibles. 

A pesar de ello, nosotros no hablamos de política por dos razones: no entendemos lo suficiente para evitar explayarnos sobre opiniones personales y, en simples palabras… ¡Esto es El Diario de Viaje!

26 mil metros cuadrados de pura belleza

Aunque pasamos toda la vida en Buenos Aires, nunca realizamos una visita guiada a la Casa Rosada. Si. No lo podés creer y nosotros tampoco. Son esas cosas que no tienen explicación. 

Debido a este percance, aún no tenemos experiencias propias en donde basarnos para mencionar que hay en su interior, pero consideramos que terminar la nota sin estos detalles es dejarla incompleta. 

Durante el paseo lo primero que se ve es el Hall de Honor, también conocido por “Galería de los Bustos Presidenciales”. Luego, podrás aproximarte al ya mencionado “Patio de la Palmera” o utilizar las escaleras de mármol para acceder al primer piso, donde se encuentran la mayoría de sus prestigiosos salones. 

Uno por uno

No hay dudas de que el Salón Blanco es el más emblemático de todos. Además de su importancia a nivel político, es enorme, está decorado por un piso de roble realizado en Eslovenia y en el centro hay una importante lámpara estilo araña que pesa 1.250 kilos y tiene 192 focos de luz. 

Si de bajar escaleras se trata, en el subsuelo de la Casa Rosada encontrarás el Salón Azul: un espacio destinado al arte nacional, donde se pueden apreciar importantes pinturas. 

De los colores pasamos a los puntos cardinales. El Salón Norte, ubicado detrás del Blanco, se utilizó por años para reuniones de Gabinete y es por eso que luce una enorme mesa que data del año 1949. Obvio… En el otro extremo está el Salón Sur, el cual conecta con la “Galería de los Vitrales”. 

Otro de los sectores más famosos de “La Rosada” es el Salón Evita, destinado a narrar los momentos más importantes de la vida de Eva Duarte. Antiguamente era el despacho del vicepresidente.

Y la lista se completa con los más nuevos: El Salón Pensadores y Escritores del Bicentenario, el Salón de los Científicos Argentinos, Salón de los Pueblos Originarios y el Salón Martín Fierro. 

Somos conscientes de que cada uno merece una nota a parte. ¡Prometemos escribirla cuando los recorramos con nuestras piernas viajeras!

Emblema Argentino

En la Casa Rosada todo tiene historia. Puntualizamos en los salones, pero hasta un simple escalón que pertenezca a una de sus escaleras guarda, sin lugar a dudas, muchas leyendas para narrar.

Insito. Más allá de las ideologías políticas que recaen sobre los presidentes que allí dentro cumplieron sus mandatos, nadie puede negar la importancia nacional que este edificio tiene. 

La simple experiencia de estar parado frente a sus paredones rosados invita a realizar una gran reflexión interna mediante la cual, al menos nosotros, buscamos tomar conciencia de todo lo que ocurrió en aquél territorio. 

No te vayas de Argentina sin darle una oportunidad. Aprovechá que el paseo, de momento, es gratis. Y en cuanto a nosotros… nos comprometemos de inmediato a conocerla por dentro.