Puerto Madryn es una de las ciudades argentinas más visitadas por turistas que cada año se aventuran en sus tierras con el principal objetivo de observar ballenas. A pesar que es un gran espectáculo natural, el destino tiene mucho más por ofrecer y los invito a conocerlo. 

Este punto en el mapa es especial para mí porque lo descubrí en el marco de mi cumpleaños, fue mi primer viaje por tierra a la Patagonia y viví experiencias únicas que ya podrán leerlas en El Diario de Viaje. 

Con el auto repleto de valijas y muchas ganas de recorrer el país, emprendí este asombroso momento junto a mi familia. Durante los 1275 kilómetros que separan la zona sur del Gran Buenos Aires de Puerto Madryn logramos disfrutar cada paisaje en el camino, pasamos algunas horas en ciudades intermedias y quedamos asombrados por el cambio de relieve continuo. 

No había apuro de llegar. Nuestro primer día se basó en horas y horas de conducir sobre la histórica Ruta Nacional N°3 que cruza importantes ciudades bonaerenses como Azul, Tres Arroyos y Bahía Blanca, lugar donde tomamos un desvío por la Ruta N°22 rumbo a un hotel en Río Colorado para descansar.

Ésta no es la única alternativa ni la más rápida para llegar a Madryn, pero la elegimos con la intención de sacar el mejor provecho a nuestro viaje. 

Tras disfrutar un rico desayuno regresamos al auto. Durante tres horas de viaje por la desértica Ruta N°251 surcamos San Antonio Oeste para retomar la Ruta 3. Con la excepción de una pequeña parada en Las Grutas para conocer sus fantásticas playas, no nos detuvimos más en los últimos 260 kilómetros hasta nuestro destino final. 

Un ingreso de película

Como ya advertí, el terreno patagónico es muy particular porque varía constantemente y un claro ejemplo es la entrada a Puerto Madryn. Luego de un largo tiempo rodeado por paisajes montañosos y con poca vegetación, el camino toma una importante pendiente para dar lugar a una mega ciudad que cautiva al ojo del viajero con su mar azulado. Sensaciones únicas de la vida. 

Para acceder al centro la mejor opción es tomar la Avenida Troperos Patagónicos, que luego cambia su nombre a Pedro Derbes y termina en las playas principales. En nuestro caso debimos seguir camino hacia el sur por la Avenida Almirante Brown para llegar a Abarlovento, un complejo de departamentos donde nos hospedamos durante una semana. 

Atardecer de bienvenida

Estar sentados durante todo el viaje nos dejó con energía de sobra para dar nuestros primeros pasos madrynenses y, sin pensarlo dos veces, caminamos hacia la costa más cercana para disfrutar el primer atardecer. 

Al ser una ciudad costera y estar ubicada en plena Patagonia, las temperaturas en invierno son bajas. Bien abrigados recorrimos más de cinco cuadras por la arena mojada, con la vista puesta en el sol que se escondía entre los edificios mientras la luna aparecía entre la unión del mar con el horizonte. 

De la arena pasamos al asfalto para transitar algunas calles del centro y emprender la vuelta hacia el reconfortante hotel. Descansar fue fundamental para vivir al máximo las aventuras del día siguiente.