Wanda. El increíble lugar de Misiones que elegimos para iniciar el 2019 y disfrutar del verano en medio de la selva, nos dejó sin palabras desde el primer minuto. 

La mayoría de los turistas que llegan a esta zona tienen grandes intenciones de conocer las Cataratas del Iguazú, consideradas una de las siete maravillas naturales del mundo. 

El parque nacional que la alberga está próximo a la ciudad de Iguazú, diseñada para recibir a miles de personas todos los años. Cientos de hoteles, múltiples comercios y la frontera internacional con Brasil son algunos de sus puntos más destacados. 

Si bien nosotros queríamos visitar las cataratas, diseñamos el viaje con estilo propio y alquilamos una cabaña en Wanda, a 45 kilómetros de Iguazú. 

El poblado misionero está camino al destino más popular de la provincia y es atravesado por la famosa Ruta Nacional 12. Llegar no es complicado pero se requiere atención porque la calzada cruza muchos accesos diferentes.

La sensación de estar en casa

En el centro de Wanda encontrás todo lo que necesitás para pasar una linda estadía. Ahi están la mayoría de los hoteles, hay supermercados, panaderías y hasta diferentes plazas para disfrutar con los niños.

Nosotros lo visitamos en varias ocasiones pero las cabañas que seleccionamos no están ahí. Riberas del Paraná aparece del otro lado de la ruta, a orillas del río y en un enorme terreno paradisíaco. 

En casi todos los lugares donde me hospedé hasta el momento supieron tratarme bien, pero ninguno pudo igualar la bienvenida que recibí con mi familia cuando llegamos a dicho alojamiento. 

Luis y su familia llevan más de 40 años en Wanda. Con mucho esfuerzo lograron fundar Riberas del Paraná, identificado como un complejo de cabañas espectaculares, muy distanciadas entre ellas, con vistas excelentes al Río Paraná y en medio de la selva misionera. 

Más allá de la experiencia fabulosa, la ubicación y el excelente estado de sus instalaciones, destaco la amabilidad desde el primer al último segundo. 

Ya pasó un año y ocho meses de ese increíble viaje pero aún mantenemos charlas con Luis a la distancia. “Están invitados a volver cuando quieran. Acá los esperamos”, son sus clásicas palabras. 

Un verano intenso

Las provincias del norte argentino se caracterizan por tener altas temperaturas en verano y Misiones no es la excepción. Si bien durante los siete días en Wanda no quedamos sofocados cómo en Posadas, es imposible pasar por alto el calor intenso. 

Todos los mediodías el termómetro alcanzó 40°C y en la jornada más calurosa llegó a 45°C. En ese entonces teníamos la esperanza de que la noche sea más fresca pero no sucedió. La cifra nunca fue menor a 28°C cuando el sol se ausentaba.  

Controlar el clima es imposible pero en Riberas del Paraná hay una enorme pileta para refrescarse. Cómo permanece abierta durante más de 12 horas y se ubica a pasos de las cabañas, nadie se puede resistir a visitarla. 

El alojamiento cuenta con una bajada al río Paraná destinada a quienes llegan con algún tipo de embarcación. Me lancé al agua durante una tarde para probar y, si tengo que elegir,  me quedo sin lugar a dudas con la pileta.

Año nuevo en medio de la selva misionera

Al igual que muchos otros, este viaje familiar fue organizado para recibir un nuevo año lejos de casa. La tradición, que ojalá en este 2020 se pueda mantener, nos permitió vivir una experiencia única en Misiones. 

En la cochera techada de la cabaña había una mesa y fue el sitio ideal para descansar, así como también el lugar seleccionado para cenar el 31 de diciembre. 

Con la panza llena iniciamos la cuenta regresiva y festejamos cuando el reloj marcó las 12. Allá el cielo no se ilumina con fuegos artificiales ni se escucha la melodía clásica de las grandes urbanizaciones porque el secreto es hacer silencio, detectar con los oídos la fuerza del Paraná y mimetizarse con los sonidos de la selva. 

En las entrañas de Wanda

Además de su tranquilidad, la cercanía con las Cataratas del Iguazú y sus económicas opciones de alojamiento, Wanda es conocida por la importante actividad minera que se realiza desde hace casi 100 años en la zona. 

A pesar de ser una disciplina polémica, en este destino se tiene mucho respeto por la tierra y profesionales trabajan día a día para causar el menor impacto posible. 

Claro están sus fines económicos pero no hay que olvidar el atractivo turístico. Visitantes de todo el mundo llegan a Wanda para conocer sus minas, recorrer las cuevas y comprar alguna piedra. 

Previo a finalizar nuestro viaje elegimos la tarde menos calurosa para descubrir el mundo subterráneo. La ciudad tiene dos opciones muy populares y que además están prácticamente en el mismo sitio, pero elegimos la Compañía Minera Wanda.

En el establecimiento, que tiene un amplio restaurante, cabañas para alojarse y hasta un sendero secundario sobre personajes mitológicos de la zona, recibimos una breve charla e iniciamos el paseo principal por un sistema de cuevas. 

Consejo viajero

Mi familia quedó maravillada con el lugar y hasta se tomaron su tiempo para comprar recuerdos (algo que sucede muy pocas veces). Sin embargo, a mi no me sorprendió tanto. 

El recorrido es interesante, los guías están muy instruidos, las cuevas guardan mucha historia y el precio es completamente accesible, pero no quedé maravillado. 

¿Cuál es el motivo de agregar este detalle? Plasmar la diferencia de opiniones sobre un mismo sitio.

Cada viajero es distinto. No te dejes llevar por las palabras de otra persona porque, a pesar de que no tenga malas intenciones, puede vivir la experiencia de otra manera y eso condiciona.

No tenía planeado cerrar la nota con esta reflexión pero me pareció oportuna. Si te gusta un lugar… ¡Lánzate a la aventura!