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Lobos es otra de las tantas ciudades que se creó cuando Buenos Aires y Argentina aún estaban en manos de los españoles y supo perdurar en el tiempo, convirtiéndose en un gran centro turístico de nuestros días. 

Desde el motivo de su nombre hasta la bella laguna que protagoniza el partido, todo es una leyenda en este lugar. Sus fabulosas historias quedaron impregnadas entre las paredes de las construcciones más antiguas, que aún embellecen sus calles.

Se encuentra a 106 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la forma más sencilla para llegar es mediante un hermoso viaje por la Ruta Nacional 205. Quienes estén más apurados, cuentan con la Autopista Ezeiza-Cañuelas para conectar en pocos minutos el primer tramo. 

Ahora que ya hemos hablado de Navarro y de San Miguel del Monte, estamos en condiciones de mencionar que las tres ciudades se ubican casi a la misma altura y tienen lagunas espectaculares. 

Al encontrarse enlazadas por la Ruta Provincial 41, muchos realizan el “recorrido de las lagunas”.

Este, de querer, se puede extender hasta General Belgrano. Allí no encontrarás una laguna, pero si podrás refrescarte con el agua del importante Río Salado. 

Invasión de fuertes

En la última nota escrita sobre San Miguel del Monte te contamos que la ciudad se formó a partir de la creación de un fuerte, en una zona considerada como “la frontera”, que dividía el territorio de los españoles de aquellos administrados por los nativos. 

Bueno. En Lobos pasó lo mismo. Pero su historia comienza un poco antes, en 1740 para ser precisos, cuando la Primera Misión Jesuítica exploró centro y sur de la provincia de Buenos Aires. 

Al toparse con la bella laguna, encontraron algunas nutrias, también conocidas por lobos de agua. Pasaron 32 años hasta que el Padre Folkner elaboró la primera carta geográfica de la zona, desde Londres, y bautizó al espejo de agua con el nombre “L. Lobos”. 

En cuanto a la Argentina, el documento nacional más antiguo que hace referencia a la laguna “de Los Lobos” es un acta labrada por el Cabildo de Buenos Aires el 17 de marzo de 1752. 

Fue así también como en 1779, a la hora de construir un fortín a orillas de la laguna, se decidió nombrarlo San Pedro de Los Lobos. Estaba en la parte norte, casi en la desembocadura del Arroyo Las Garzas, y se inauguró el 21 de agosto del año mencionado.

Los primeros pasos

Algunas palabras ya se nos escaparon al comienzo de la nota, pero vale resaltar que después de un gran avance de los nativos, España mandó a construir muchos fuertes en la región y trasladó a familias para que se instalen en cada uno. 

Con respecto al de Lobos, rápidamente se montaron cuatro ranchos humildes, sin puertas ni ventanas, con el fin de albergar a los primeros vecinos. Hacia 1792 sólo tenía 16 habitantes. 

¿Cuál fue el primer paso rumbo a la creación del pueblo? La construcción de una capilla. Don José Salgado, quien es considerado el fundador de la ciudad, la envió a construir hacia 1802 y el 2 de junio de ese año se decretó la fundación de Lobos. 

Aunque la capilla estaba lista y el sitio ya aparecía en los mapas, la primera ceremonia religiosa se llevó a cabo el 9 de junio de 1803. Para quienes les guste la historia, la antigua capilla estuvo en el mismo sitio donde hoy encontrás el solar del Templo Parroquial. 

Lo curioso es que el pueblo se fundó cuando solo era habitado por los familiares de Salgado. A ellos se suman otras 141 familias que estaban distribuidas por el distrito en diferentes chacras, por lo tanto, ninguna vivía en lo que hoy es el centro.

Manos a la obra

Lobos se había fundado pero aún quedaba mucho trabajo por delante. El primer plano se confeccionó en el año 1811, donde se diseñó una plaza, algunas construcciones y las calles principales. 

El pulmón verde se llamó “Plaza Buenos Aires” en sus inicios y se mantuvo vigente hasta 1910, cuando por el centenario de la Revolución de Mayo, fue sustituido por “Plaza 1810”. Hasta el momento permanece bajo el mismo nombre.  

El siglo XIX fue de puro crecimiento. Las primeras casas se establecieron en el centro y muchas de ellas al borde de lo que era el “camino de carretas” que permitía comunicar el sitio con Buenos Aires. 

Bajo un proceso diferente, las estancias también adquirieron mayor importancia, ocuparon nuevos terrenos y en la actualidad algunas se transformaron en verdaderos centros industriales. 

Que nunca falte el ferrocarril

1871 fue un año clave para Lobos. Llegó el Ferrocarril que tenía (y tiene) una conexión directa con la Estación Once de Buenos Aires y también aprovechaba un desvío (Estación Empalme Lobos) con dirección a la Estación Constitución. 

Todo lo producido en aquella época podía ser trasladado con mayor velocidad y eficacia hacia el centro de la provincia. Además, como se habilitó el servicio de pasajeros, muchos inmigrantes europeos lograron utilizarlos para llegar al pueblo e instalarse. 

En nuestros días por suerte el ferrocarril continúa en funcionamiento. Hay momentos donde queda suspendido y obvio que el viaje en tren es mucho más lento en comparación al realizado con un vehículo propio, pero es mágico. 

Nosotros tuvimos la posibilidad de completarlo en 2017. Salimos de Once con el servicio eléctrico, bajamos en Merlo y desde allí subimos al viejo recorrido que atraviesa los campos de Buenos Aires hasta llegar a Lobos. 

Aunque en ese momento estaba suspendido, también nos informamos sobre la formación que parte rumbo a Uribelarrea, pasa por Cañuelas y luego empalma con el eléctrico en la estación Ezeiza, para llegar a, finalmente, a Constitución. 

Las vías están y el tren de carga las sigue utilizando. En cuanto a los servicios de pasajeros, será cuestión de suerte que los encuentres habilitados cuando desees emprender esta aventura. 

Su bella laguna

Lobos es sinónimo de tranquilidad y naturaleza, por eso, cada vez que se piensa en la ciudad, es imposible olvidar su laguna. 

Es importante saber que no está en el centro. Se ubica a 17 kilómetros del casco histórico y llegar es sumamente fácil con un vehículo personal. Nosotros hicimos uso del transporte público (colectivo) y no hubo inconvenientes. 

Sin lugar a dudas es un espejo de agua maravilloso. A su alrededor hay todo tipo de recreos (públicos y privados) para juntarse con amigos a pasar una linda tarde o, si realmente te gusta el sitio, quedarse varias noches en carpa. 

Quienes planean navegar o practicar algún deporte acuático, es el sitio ideal. Desde pequeñas embarcaciones hasta los clásicos kayaks siempre están sobre el agua a toda hora. 

Y si a vos te gusta pescar, ni lo dudes. Lobos es tu lugar. Además de tener una variedad increíble de peces, acá se celebra desde 1988 la Fiesta Nacional del Pescador Deportivo, que reúne a miles de fanáticos. 

Luego del deporte, se organiza un show musical sobre un escenario flotante y se elige a la reina de la fecha. Todo organizado por el Club de Pesca de Lobos, fundado en 1945. 

La naturaleza dejó todo preparado

Hacia 1980 el geólogo Víctor Mansione descubrió, tras una serie de estudios, que la Laguna de Lobos se formó sobre yacimientos de yeso, por lo tanto, eso explica por qué no tiene ningún tipo de drenaje en sus profundidades. 

Otros de sus grandes reconocimientos es que, a diferencia de muchas lagunas del país, esta fue “inventariada” como Humedal de Argentina gracias a sus niveles de salinidad y demás características, responsables de su gran biodiversidad. 

Y si con todo esto no quedás conforme, no te preocupes. Lobos tiene otras cinco lagunas más para ofrecerte: la Salada; la Salada Chica; Laguna Culú Culú; Laguna de Colis y Laguna Seca. Una maravilla. 

Un destino imperdible

Con el correr de los años Lobos es cada vez más famoso. Sigue incorporando nuevos vecinos, los más antiguos no planean retirarse y cada fin de semana, antes de la pandemia, era el punto de reunión de muchos amigos repartidos por la provincia. 

Su centro histórico vale la pena conocerlo en detalle, la laguna es una de las más lindas de la provincia y además está rodeada de sitios ideales para pasar una linda estadía como, por ejemplo, Altos de la Laguna. ¡No te pierdas la oportunidad de conocer este destino!