Las Marianas. Quizás es la primera vez que escuchás hablar sobre este pequeño pueblo rural, ubicado a 150 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Un ejemplo palpable de la vida en el campo, tapada por la paz y la naturaleza. Nosotros te invitamos a conocerlo. 

Al ser una provincia tan grande y con tantos cambios en su corta vida, es normal que lugares de estas características estén repartidos por todo el mapa. Algunos son más turísticos que otros, pero en líneas generales, todos guardan una magia especial. 

Este destino en particular es una belleza. No es muy grande, no está sobre una ruta principal que conecta dos ciudades y se empezó a conocer de manera turística hace pocas décadas. El lugar ideal para descubrir las raíces bonaerenses. 

¿Cómo llegar?

Las Marianas es una localidad de Navarro, ubicada a 27 kilómetros de la ciudad cabecera. Visitarla no es inconveniente, pero se necesitan indicaciones precisas para no deambular por el campo argentino.

Aunque hay diferentes opciones, el primer paso para llegar desde CABA o cualquier punto del conurbano, es ingresar en Navarro. ¿Cómo? Sobran las alternativas. 

Nosotros utilizamos la Ruta Nacional 205 para llegar hasta Lobos y allí doblamos en la Ruta 41 para completar el primer trayecto. También podés viajar por la Ruta Nacional 5 hasta su intersección con la 41 en Mercedes. Ambos serían los caminos clásicos.

Y ahora queda la parte final. ¿Cúal es el ingreso a Las Marianas? Desde un primer instante debe quedar claro que no hay un camino asfaltado para llegar. Todos son de tierra porque, en simples palabras, vas a visitar un pueblo completamente rural. 

Frente al Parque Dorrego de Navarro podrás visualizar un camino. Ese es el indicado. Al menos, en Google Maps, no tiene nombre ni número, pero es el correcto. 

Durante algunos minutos avanzarás con tranquilidad, disfrutando del paisaje local, hasta llegar a una bifurcación. La calzada que se “abre” hacia la izquierda es la que en poco tiempo te permitirá ingresar, finalmente, a Las Marianas. 

A simple vista parece complicado, pero no lo es. Como ya mencioné, hay muchas opciones, pero aquí te dejamos el mapa del recorrido que hicimos nosotros. 

El verdadero campo argentino

Las Marianas es un claro ejemplo del campo argentino. La gente vive en otra sintonía. Nadie está apurado, todo el mundo se saluda. El solo hecho de presenciar su rutina diaria es todo un lujo para el viajero. 

Este destino tiene 13 cuadras de longitud por cuatro de ancho. Realmente es chico y por eso la mejor idea es dejar el auto estacionado para iniciar una hermosa caminata a través de sus calles históricas. 

Entre los sitios más importantes podrás conocer la vieja estación, su plaza principal colapsada de árboles y el Templo Santa Teresita del Niño Jesús. 

Llegar con un poco de hambre es la estrategia perfecta. En Las Marianas hay todo tipo de productos artesanales para disfrutar.

A la hora del desayuno no podés evitar la Panadería ” Las Marianas” o el almacén “La Media Luna”. Cuando llegue el momento de almorzar, “Lo de Irma” es una buena opción para degustar platos locales. 

Finalmente, hacia la tarde/noche es recomendado visitar “Lo De Pelo” o el “Antiguo Bar – Almacén ‘El Recreo’”.

Allí te esperan con un buen vaso de vino, acompañado por una picada excelente y, si te ven medio aburrido/a, te sacan conversación para sumarte a una partida de truco o invitarte a recorrer las historias de un pasado no tan lejano. 

¿Donde fuimos nosotros? A “El Recreo”. Es uno de los sitios para comer con más fama del lugar. Es atendido por descendientes de los vecinos fundadores y las instalaciones son impecables. Excelente servicio y comida espectacular.

¿Me puedo quedar a dormir?

Claro que sí. Al estar tan cerca de casa, nosotros llegamos temprano y nos despedimos en el atardecer. Pero, si hubiésemos querido, hay algunos sitios para hospedarse con las mayores comodidades. 

Aunque no sería raro que algún vecino, después de unos vasos de vino y buenas charlas, te de la opción de quedarse en su casa, hay un complejo de cabañas muy lindo (también se llama “Las Marianas”), ideal para visitar en familia si el único objetivo es mimetizarse con la paz local. 

Se encuentra un poco retirado del centro, en un predio enorme con pileta. Desde afuera las instalaciones se ven lindas y, las fotos cargadas en Google Maps, lo confirman. Sin embargo, hasta acá llegaron nuestras referencias porque no lo conocemos (todavía). 

Un poco de historia

Las Marianas tiene una historia increíble. Desde nuestro punto de vista, lo más especial es que aún se sigue escribiendo porque, pasó más de un siglo desde su fundación, pero sus 500 habitantes trabajan día a día para mantener las mismas costumbres. 

Con el objetivo de evitar que te confundas mientras lees las siguientes líneas, vamos a narrar sus leyendas de manera cronológica. 

Digo leyendas porque, como en todo pueblo, hay algunos datos que no están en registros oficiales, sino que fueron transmitidos de boca en boca  y cada uno elije como entenderlos. 

El dato más antiguo es que el espacio donde hoy se encuentra Las Marianas fue una porción de un territorio privado. Su dueño, hacia 1821, era el procurador Juan de Almereyra, quien lo había solicitado a mediados de 1791. 

Como era de esperarse, durante todo el siglo XIX aquí se realizaron todas actividades de campo. No hubo muchos cambios en la infraestructura y la propiedad pasó de generación en generación. 

Hacia 1900, Doña Micaela Demetria Freire y Días, junto a Doña Mariana Demetria Freire y Díaz, decidieron vender parte de sus tierras a la “Compañía General de Ferrocarriles en la Provincia de Buenos Aires”. Ese fue el comienzo de Las Marianas. 

Fundación y primeros años

Aunque en muchos sitios web afirman que ocurrió el 23, el pueblo se habría fundado el martes 29 de diciembre de 1908. Si, entre Navidad y Año Nuevo. 

Su nombre también es un importante punto de debate. Los primeros años el sitio se llamó “Esteban Díaz” en homenaje al abuelo de las antiguas propietarias, pero al poco tiempo fue sustituido por “Las Marianas”. 

Hay quienes sostienen que su nombre actual está relacionado con un importante establecimiento ganadero del lugar, pero también muchos confirman que se trata de un homenaje a Doña Mariana, principal impulsora de la fundación. 

Independientemente del título, nadie puede negar que las primeras actividades estuvieron completamente condicionadas por el paso del tren.

Lindero al predio de la estación se montaron acopiadores de cereal, granjas, fábricas de crema, queso, manteca y, como no podía ser de otra manera, importantes tambos. 

Todo era trasladado por el antiguo ferrocarril, que cumplió su función hasta 1993. Al día de hoy, el servicio, tanto de carga como de pasajeros, continúa cancelado. La estación, ubicada frente al histórico almacén “El Porvenir“, alberga el Centro de Jubilados. 

Un cacho de cultura

Las Marianas realmente es una importante porción de cultura local, que hasta nuestros días se mantiene vigente. No tiene planes de cambiar y ojalá que nunca aparezcan. Su estilo es único e inmortal. 

Después de tantos años de trabajo industrial, hoy quedan algunas fábricas y el turismo también deja importantes ingresos durante todo el año. Aca se celebra la Fiesta del Mate y la Torta Negra. 

Poco a poco el sitio se hace más conocido y mucha gente, que simplemente llegó de visita, ya se animó a dar un cambio en su rutina diaria: se mudó al lugar. 

Una de los recuerdos más recientes en Las Marianas fue la visita del prestigioso músico argentino León Gieco. Enamorado del paisaje, lo eligió como escenario para uno de sus videoclips y también incluyó al paisaje en el fondo de la tapa de su disco titulado: “Bandidos Rurales”. 

Gieco se quedó un tiempo largo ya que brindó un concierto a beneficio de la comunidad. El dinero obtenido fue destinado a la construcción y equipación de una sala sanitaria en el lugar. ¡Obvio que el pueblo entero asistió al show!

Campo, paz y naturaleza

Traslado parte del título a este último párrafo porque son las tres palabras que mejor describen a Las Marianas. No es un lugar para visitar con el tiempo justo porque, para disfrutarlo, deberás acoplarte al ritmo local. Al menos por un ratito.