Lobos. Esa bonita ciudad cargada de historia que ya conocíamos en detalle, fue el destino que pudimos disfrutar durante nuestra segunda experiencia como Embajadores Locales de Destinos Turísticos Inteligentes. 

Ya te contamos nuestra travesía por Carmen de Areco, identificada por nosotros como el primer viaje DTI, donde la pasamos hermoso y nos llevamos muchas sorpresas. 

La aventura terminó de manera espectacular y esa noche dormimos muy contentos, sin saber que se avecinaba otra sorpresa: un viaje a Lobos a organizar siete días más tarde. 

Cuando leímos el mensaje, sinceramente no podíamos creer que fuimos invitados por los municipios bonaerenses durante dos fines de semana consecutivos. ¡Un sueño!. 

De más está decir que la emoción se sintió a flor de piel. Tras aguantar la espera durante algunos días, llegó el sábado 27 de febrero de 2021 e iniciamos la travesía. 

Es importante señalar que fueron dos viajes completamente distintos en cuestiones generales y personales. Primero, Lobos está a 90 km de la Ciudad de Buenos Aires y Carmen de Areco a 140. 

Además de ser un tramo más corto, sucedió que en años anteriores ya habíamos caminado las calles de Lobos y algo conocíamos. Todo lo contrario sucedió con Areco, que nunca antes habíamos pisado sus tierras. 

Y por último, ya no estaban tan presentes los nervios de “la primera vez”. En el viaje a Carmen de Areco era todo nuevo y, una semana más tarde, llegamos con más preparación para trabajar correctamente. 

¡A madrugar!

El destino había cambiado pero el punto de partida (nuestra casa) era el mismo que la semana anterior. A eso le sumamos que la combi también iniciaba el recorrido en CABA, por lo tanto, las aventuras comenzaron temprano. 

Alarma a las 5 a.m. Los primeros pasos, medios débiles, fueron elementales para poder lavarnos la cara y vestirnos con cierta prisa antes de salir a la calle. 

Aún era de noche cuando nos paramos a esperar el primer colectivo, que por suerte llegó casi en el momento. A los diez minutos, descendimos en la estación ferroviaria de nuestro barrio y la visitamos por primera vez en 12 meses. 

El tren llegó a horario e iniciamos el viaje hacia Estación Constitución a las 6.15. No habíamos utilizado el servicio desde que empezó la pandemia del Covid-19, por lo tanto, fue un viaje bastante interesante. 

Descendimos en la importante terminal de la Ciudad de Buenos Aires y notamos que el  Subte no funcionaba. “¡No importa! El día está lindo, es temprano y tenemos tiempo de sobra. Vamos a buscar un colectivo”, fueron las únicas palabras emitidas tras la sorpresa. 

Frente a la plaza, que tiene el mismo nombre que la estación, tomamos “El 12” con recorrido “a Palermo”. Un día de semana suele ser un viaje de casi 45 minutos, pero un sábado de febrero por la mañana, demoró la mitad. 

Finalmente dimos con la esquina desde donde partiría la combi, pero… llegamos con una hora y 30 minutos de anticipación. Inmediatamente buscamos la compañía de un café y tres medialunas. 

Bienvenidos a Lobos

A las 9 de la mañana subimos al transfer y con mucha puntualidad iniciamos el viaje con destino a Lobos. 

Mientras que nos acomodamos charlamos con Peli y Eli, nuestras amigas de @modoturista, que conocimos en el primer viaje a Carmen de Areco. 

Y ya que tocamos ese tema… ¿Te acordás que no aguantamos el sueño en el tramo de ida a Carmen de Areco? Bueno, al equipo de El Diario de Viaje le pasó lo mismo en esta ocasión. Cerramos los ojos por unos segundos en CABA y recién los abrimos en Cañuelas. 

Un poco más despabilados, mantuvimos las pestañas separadas hasta llegar a Lobos, donde muchos integrantes del municipio esperaban con ansias nuestra llegada. 

Descendimos frente a la estación y caminamos hasta el Cine Teatro Italiano. Allí un bonito cartel nos dio la bienvenida, que luego se extendió con el saludo de todos los presentes. 

En pleno hall de entrada había múltiples opciones para desayunar, todas integradas por diferentes productos regionales. Nosotros probamos algunos, además de disfrutar un café en un vaso que tenía escrito “@diario_deviaje”. 

Teatro Cine Italiano de Lobos

Antes de describir este bonito lugar, necesitamos señalar otra vez que la nota será un pantallazo de toda la travesía. Ya habrá en un futuro próximo nuevos artículos para entrar en detalle sobre cada lugar explorado. 

En el momento que terminó el desayuno, recibimos una completa información sobre todo lo ingerido y luego empezamos el paseo por el Cine Teatro Italiano. Obvio que sin alimentos, porque en el salón principal no está permitido comer. 

Paseamos por el hall, la zona central, los palcos y hasta subimos por las escaleras para conocer los dos niveles superiores. En cada espacio nos detuvimos a escuchar toda la información que nos brindó la excelente guía.

Luego llegó el momento de pisar el escenario, así como también conocer espacios que el espectador no observa desde su butaca. Allí terminó el recorrido, con una apertura fantástica del telón, ideal para apreciar la enorme araña que ilumina desde lo más alto. 

Volvimos al punto inicial y, mientras nos colocamos las gorras que nos regaló el Municipio de Lobos, se organizó un sorteo de productos regionales. ¡Ganamos un paquete de galletas marineras Biló!

Tour por el casco histórico

Con la panza llena, salimos a recorrer el casco histórico de Lobos acompañados de Ignacio y Marisol, dos especialistas en la historia de la ciudad que nos contaron hasta el más mínimo detalle. 

El paseo empezó en el teatro, pasó por la Biblioteca Albino Capponi y alcanzó la Plaza 1810, desde donde observamos el Club Social, el edificio municipal y la Iglesia más importante de la ciudad, identificada hoy también como el punto fundacional de la misma. 

A esta última tuvimos el placer de ingresar. Realmente una mole, que pasó por diferentes aplicaciones y remodelaciones, pero que se mantiene en pie desde 1906. 

¿Una coincidencia con la iglesia principal de Carmen de Areco? Ambas fueron construidas sobre una parte de lo que fue el primer cementerio local. 

El recorrido de una hora finalizó sobre la plaza ya mencionada, que funciona como punto de encuentro, manifestación y cualquier tipo de expresión cultural representada por los vecinos de Lobos. 

Con alegría allí nos despedimos de Marisol, para subir a la combi con Ignacio y empezar un viaje corto hasta la famosa Laguna de Lobos donde había más sorpresas. 

Laguna y asado

El viaje de 18 kilómetros se hizo rápido. Llegamos hasta el borde de una de las lagunas más famosas de Buenos Aires, aprovechamos el bonito paisaje para tomarnos fotos entre los embajadores y cruzamos la calle principal para visitar “Restaurante El Pescador”. 

¿El espejo de agua de 800 hectáreas tiene historia? ¿El lugar donde almorzamos es famoso? OBVIO. Sin embargo, en esta ocasión se quedarán con la intriga dado que serán temas principales para las próximas notas. 

Para no ser tan malos, vamos a confesar una sola cosa: disfrutamos una parrillada enorme, sin límites. Además, mientras el paladar gozaba, nuestros ojos también se empapaban de belleza al mirar la laguna. 

La atención del lugar fue excelente y lo recomendamos al 100%. Además, no todo es carne. En el grupo de Embajadores DTI también había viajeras vegetarianas y veganas, que recibieron excelentes platos de comida. 

Refugio – Natural Glamping

¿Te imaginas dormir rodeado/a por la naturaleza de un camping, pero al mismo tiempo tener la comodidad de un hotel? Bueno, eso existe, se llama glamping y está en Lobos.

Una oración no alcanza para describir cada detalle de este llamativo alojamiento, por eso, habrá párrafos de sobra próximamente que prometen despejar todas tus dudas. 

Ahora solo elegimos contar que es un sitio espectacular, ubicado frente a la Laguna de Lobos, ideal para quienes buscan desconectarse de todo.

Cuando llegamos recibimos un breve paseo por el predio, acompañado de una charla interesante sobre lo que allí se ofrece. 

El paseo llegó a su fin y en ese momento el grupo de embajadores DTI se dividió en dos: cinco se fueron a disfrutar una rica cerveza con vistas a la laguna y otros cinco tuvieron la oportunidad de hacer una cabalgata de 30 minutos. 

¿A dónde crees que fuimos nosotros? Es una pregunta difícil y lo sabemos, por eso, acá va la respuesta: aunque la cerveza nos encanta, optamos por la aventura de pasear en caballo por todo el lugar. 

El recorrido, en el lomo de los animales que estaban impecables, fue muy amplio y permitió realmente tomar dimensión sobre toda la naturaleza que nos rodeaba. Además, nuestra última cabalgata fue en 2016, por lo tanto, se extrañaba la sensación. 

Vuelta a casa

Del glamping regresamos inmediatamente a Lobos para encontrarnos con la combi que nos llevaría hasta la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

Aunque llegamos seis minutos después del horario pautado, el chofer no tuvo problema en esperarnos. ¡Un genio!

Despedimos a Ignacio, subimos al transporte y emprendimos la vuelta a casa. Al igual que en la ida, fue un viaje placentero, donde combatimos el calor gracias al poder del aire acondicionado. 

Y así terminó nuestra segunda aventura como Embajadores Locales DTI. Tal cual sucedió después de la primera, pasamos el resto del día con una sonrisa enorme, felices de haber tenido la oportunidad de vivir una experiencia así. 

Fue un cierre de febrero muy especial y, si quieren pura sinceridad, no la vamos a negar: ya estamos esperando con ansias el tercer viaje. ¡Buenas rutas!

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