Escribir sobre la historia de la Plaza de Mayo, ubicada en el corazón de Buenos Aires, es todo un desafío. Al tratarse del sitio donde se fundó la ciudad y el escenario de los sucesos más históricos del país, existen muchos caminos por donde comenzar a narrar sus leyendas. 

Después de pensarlo mucho tiempo, recordamos que esto es El Diario de Viaje y no un sitio web dedicado a la historia argentina. Claro que en estos tipos de notas hablamos de historia, pero siempre con el objetivo de plasmar únicamente como el lugar perduró con el paso de los años. 

Entre párrafos también hablamos de los políticos que tomaron algunas decisiones, porque no hacerlo sería un error. Pero no nos centramos en sus mandatos personales ni cómo sus ideas influyeron en el país, sino que abordamos solo la parte en la que intervino sobre el sitio que se cuenta. En este caso, la Plaza de Mayo. 

El punto exacto donde se fundó Buenos Aires

Los libros cuentan que la primera fundación estuvo en manos de Pedro de Mendoza, sucedió en 1536 y al lugar se le colocó un nombre muy extenso: “Ciudad de la Santísima Trinidad y Puerto de Santa María del Buen Ayre”.

A pesar de los esfuerzos, el sitio no prosperó. Hubo que esperar 44 años para la segunda fundación, que en esta ocasión estuvo a cargo de Juan de Garay y ocurrió el 11 de junio de 1580, en los terrenos que hoy conforman la Plaza de Mayo. El nombre se redujo a “Ciudad de Trinidad”.

Como leíste, este espacio verde representa el punto donde se tomó la decisión de empezar a construir la urbanización que se puede disfrutar al día de hoy. Sin embargo, tuvo muchas facetas en los últimos cinco siglos. 

Jesuitas vs españoles

Tras la fundación de Buenos Aires, el lugar fue bautizado como Plaza Mayor, estaba frente al Cabildo y tenía la mitad del tamaño actual. La otra manzana, que antiguamente miraba al fuerte de la ciudad y hoy se luce ante la Casa Rosada, era propiedad del español Juan Torres de Vera y Aragón.

A mediados de 1608, dado que Aragón nunca edificó en el lugar, se decidió organizarlo como una plaza. Sin embargo, al poco tiempo y con el permiso del gobernador, el sitio fue entregado a los jesuitas, quienes de forma inmediata construyeron una capilla y algunas casas precarias. 

El templo religioso se convirtió en un emblema de la zona y la historia cuenta que fueron los inicios de la actual Parroquia San Ignacio de Loyola. Por otro lado, los nuevos administradores de la tierra estaban muy cómodos en el lugar y en 1617 fueron autorizados a crear un colegio.

Los años pasaron y los españoles decidieron dividir el terreno para construir unas viviendas, enfrentadas a la capilla y separadas por un pequeño callejón. Pero… la leyenda menciona que la persona que edificó las casas nunca recibió el dinero acordado por las obras, llevó a la situación a juicio, el gobernador lo perdió. Debió rematar el terreno en 1634.

¿Otra vez?

La zona quedó en manos de don Pedro de Rojas y Acevedo, pero el hombre falleció 11 años después y su mujer donó todo el territorio en 1645. ¿A quién? A los jesuitas, que otra vez tenían total posesión. 

Aunque te sorprendas, la historia no finaliza aquí. Las construcciones habían tomado tal magnitud que intervenían en el campo de tiro de la Fortaleza, entonces, en 1661 los gobernadores le compran las tierras a los jesuitas y demuelen todas las construcciones, a excepción de la iglesia. La zona recibió el nombre de Plaza de Armas. 

La antigua recova

Desde la fecha mencionada y hasta bien avanzado el siglo XVIII no hubo cambios muy importantes en la antigua Plaza de Mayo. Fue en el año 1763 donde cambió todo el paisaje a partir del proyecto para construir una recova divisoria. 

Aunque en las décadas siguientes se realizaron algunas tareas de planificación, la obra recién comenzó en el año 1803 y pronto se convirtió en una gran galería que dividía la actual plaza en dos mitades. Tal cual había estado desde su fundación, pero esta vez el límite era más notorio. 

El edificio al principio estaba separado por un callejón, pero en 1804 se unió por un gran arco central. Al poco tiempo, la parte oeste cambió su nombre a Plaza Victoria en 1808  y el otro sector, que había tenido tres nombres hasta ese momento, en 1811 fue nombrado como Plaza 25 de Mayo.

Tras la inauguración de la Pirámide de Mayo en la Plaza Victoria en 1811, recién ocurrió otro cambio importante en 1818 cuando, sobre la actual calle Hipólito Yrigoyen, se construyó una nueva recova y le dio otra impronta a la joven Buenos Aires. 

Todo muy lindo pero decidieron demolerlo

Si conocés en persona o por fotos la Plaza de Mayo actual, habrás notado que no tiene ninguna recova. Entonces, entiendo que tengas grandes dudas sobre lo que ocurrió. A continuación te cuento. 

El país no estaba bien en cuanto a dinero y desde la presidencia se les ocurrió llevar la construcción a una subasta. Hubo un ganador, pero no se la entregaron a la persona y finalmente acordaron la venta con don Tomás de Anchorena, el 29 de septiembre de 1836. 

La familia, que era muy adinerada, estuvo a cargo de la estructura hasta 1883. Ese mismo año Marcelo Torcuarto de Alvear se convirtió en el primer intendente de Buenos Aires y en 1884 comenzó trabajos de remodelación en la plaza, entre los que incluyó la demolición de la recova. 

Tras el trabajo de 700 obreros, la enorme galería desapareció en nueve días. La tarea fue terminada, pero no salió todo tan bien. La familia Anchorena se enteró del suceso, fue a juicio con la municipalidad y lo ganó. 

Oficialmente, Plaza de Mayo

El pequeño inconveniente dio lugar a que este espacio verde cambiara para siempre el 17 de mayo de 1884, cuando se le colocó el nombre que mantiene hasta nuestros días: Plaza de Mayo. 

Al no estar más la recova, los dos espacios que durante 304 años habían permanecido separados, por primera vez se unieron bajo el mismo nombre. 

La anexión fue sumamente importante y permitió continuar con los trabajos. Para ese entonces, la plaza ya tenía el Monumento al General Manuel Belgrano (inaugurado en 1873) y unas fuentes de gran tamaño que, con el paso del tiempo, fueron trasladadas a la intersección de las avenidas 9 de Julio y Córdoba.

En cuanto al paisaje, dos años antes de la unión se habían reemplazado los árboles históricos del sitio (Paraísos) por un grupo de palmeras, trasladadas desde Río de Janeiro, Brasil. 

Las últimas dos grandes modificaciones del siglo en la Plaza de Mayo tuvieron lugar en 1894, cuando el reconocido paisajista Carlos Thays inició una importante remodelación tras la inauguración de la Avenida de Mayo (9 de julio de ese año), y en 1895, al inaugurar el alumbrado eléctrico. 

Un siglo de pura modernización

Comenzó el siglo XX y, más allá de todos los sucesos políticos, la plaza se mantuvo en un constante período de modernización.

Hacia 1904 aquí se instalaron sus clásicos estanques circulares. 25 años más tarde, se lanzó un proyecto para diseñar un moderno sistema de senderos y finalmente, el 9 de junio de 1942, Plaza de Mayo fue declarada Lugar Histórico. 

A mediados de 1977 fue sometida a importantes trabajos de jardinería, donde se instalaron flores en una superficie de 3 mil metros cuadrados. Ya que estaban, también mejoraron y ampliaron los senderos peatonales. 

Un icono de Buenos Aires

En las últimas dos décadas este pulmón de naturaleza se continuó actualizando. 

El 10 de marzo de 2005 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró Sitio Histórico al sector que rodea la Pirámide de Mayo, donde hasta el día de hoy hay una seguidilla de pinturas en blanco que representan los pañuelos de las Madres de Plaza de Mayo. 

Su más reciente modificación ocurrió entre 2018 y 2019. El espacio recuperó la traza original que tenía en el siglo XIX, se renovó la iluminación con focos LED, actualizaron los jardines y desmontaron unas rejas divisorias instaladas de manera provisoria en años anteriores. 

Además de todos los edificios históricos que la rodean, Plaza de Mayo estuvo, está y estará por siempre entre los lugares más importantes del país. 

Tal cual se aclaró al principio, esta nota fue escrita para contar sobre la plaza en sí. Obvio que faltó contar todas las situaciones que allí ocurrieron y que en la mayoría de los casos dejaron su huella en la historia argentina, pero vuelvo sobre lo mismo: hay muchos caminos para hablar sobre este lugar. Nosotros tomamos uno solo.